La amplitud de conciencia: Camila Sosa Villada IV

Por Leandro Moscardó.
Fotos, por Maxi Guterman.


-Alguna vez dijiste que para la sociedad el lugar de una travesti es ser prostituta en una pensión; y las estadísticas te dan la razón, para la inmensa mayoría de las mujeres trans es imposible salir de la prostitución. ¿Por qué vos, de entre tantas chicas trans, lograste superar la realidad que vivías? ¿Qué hubo de diferente?

-Fue suerte. Es así como te digo, estrené esa obra [Carnes tolendas] y gustó, y yo no tuve que volver más a cobrar por sexo. Así de simple. Yo no luché ni un poco, yo estaba ahí, resistía, me las aguantaba, vivía como vivía y hacía lo que hacía.

-Las otras chicas que trabajaban con vos, ¿qué no hacían ellas que sí hiciste vos?

-Leer.

-Hasta ahora, lo único que estoy viendo de distinto en vos es algo innato, es el talento, esa búsqueda desde muy chica. Me resulta difícil pensar cómo las otras podrían salir de ese círculo.

-El otro día volví a ver ese video donde Lohana Berkins decía que el conocimiento es la herramienta más grande que tiene una persona para cambiar. Bueno, Marx hablaba de la conciencia de clases. Los griegos decían esto de “Conócete a ti mismo”. Bueno, eso me pasó a mí. Pero no fue por talento tampoco, fue porque estaba sola verdaderamente. Entonces me hice un mundo, a los cinco aprendí sola a leer. Un día mi mamá, mientras lavaba los platos, me escuchó leer y me dijo “¿Qué estás haciendo? ¡¿Estás leyendo?!”. Entonces me mira y yo tenía una Biblia de los niños, y me pregunta “A ver, ¿qué dice acá?”, y se lo leí y dijo “¡No! ¡Estás leyendo!”. A los cinco años, era todo un acontecimiento. ¡Era como Sarmiento! Fue algo que hice así sin más. A las seis años mi mamá me compró cuatro libros: Colmillo blanco, Bajo las lilas, Jerry de las islas y El Libro de la selva. Entonces yo crecí leyendo y ocupando todo ese vacío que tenía -que pensaba que mi papá y mi mamá no me querían- leyendo. Prendió en mí ese vicio, y después seguí así, toda mi vida. Fue una de las mejores herramientas que tuve, y que lamentablemente las otras chicas no la tenían.

camii-7-de-12-Vos además de trabajar como prostituta, estudiabas Comunicación Social e ibas al Departamento de Teatro. Las otras chicas que trabajaban con vos, ¿hacían otras cosas además?

-No. Pero tenían una vida por supuesto, algunas tenían marido o pareja, unas vivían con sus padres, y simplemente su trabajo era ése, se prostituían. Pero era un trabajo, y siempre supimos que era un trabajo. Nunca fue una obligación. Como ahora, hacer una entrevista para mí también es un trabajo, y en ese momento el trabajo era ser prostituta.

-Desde tu lugar de provocación, veo una dualidad. Por un lado, construís la provocación desde un lugar en el que se te ve muy fuerte. Y por otro lado, se siente la fragilidad, que todavía el mundo puede hacerte mal.

-Sí, pero a todos nos puede hacer mal. Y una cosa no quita la otra. El Che Guevara decía algo así como que había que endurecerse sin perder la ternura. Es una frase que dicen que es del Che, y andá a saber si la dijo.

-¿Dónde todavía el mundo puede hacerte mal, particularmente a vos?

-Bueno, pueden matar a alguien que quiero. Me pueden violar, secuestrar o torturar, no sé, me pueden hacer muchos males como a cualquiera. Pero particularmente a mí, no creo que nadie tenga el poder de herirme. No sé si estoy indestructible, pero lo que sí sé es que todo es superable, que ningún daño es para siempre. Es lo más breve que existe en realidad, lo que cuesta es superarlo, porque ahí uno se encierra y puede construir sentidos equivocados. Ahora maduré, y creo que ni siquiera un amor ya podría hacerme tanto mal.

-¿Sos consciente de tu amplitud de conciencia?

-Soy consciente de que no soy ni siquiera el diez por ciento de lo abierta que podría ser. De lo expandida que puedo llegar a estar. Sé que estoy en un umbral mínimo. Supongo que cuando envejezca, me voy a ir pareciendo cada vez más a cierta idea que tengo sobre la manera de comprender el mundo. También porque las personas no le dedicamos todo el tiempo que le podríamos dedicar a abrir la cabeza, por la vida que llevamos y el trabajo. Los que pueden hacer eso son los monjes, esa gente que se encierra y que no habla durante veinte años, y que todo es pensamiento.

-Tu sistema de defensa tiene como pilar a tu inteligencia, a tu capacidad de comprender las cosas.

-Más que la inteligencia, es la voluntad de trabajar. La voluntad de pensar y de repensar y de trabajar y de hacer. Ahí reside mi talento, en que soy muy trabajadora. No es sólo inteligencia, es un trabajo que puede hacer cualquiera, lo que pasa es que atemoriza. Como a mí me tocó hacerlo desde chica, porque me tocó ser así, fue más natural.

-¿Hay una voluntad consciente de expandir tu cabeza?

-Sí, eso sí. Leo, leo, leo, leo, leo y leo. No dejo de leer.

También veo cosas que me gustan, voy a los museos. Si me entero de que está pasando algo interesante, asisto a eso.

-Pero más allá del conocimiento enciclopédico que vos incorporás, creo que trabajás también en el dispositivo que procesa esa información.

-No. Creo que cualquier persona que lee, llega más o menos a las mismas conclusiones a las que llego yo.

-Se les desarrolla la cabeza de la misma manera.

-¡Pero claro! Mirá, cuando mis otros compañeros salían a bailar y a joder de noche, yo me encerraba en mi pieza a ver Vulnerables; o antes, alrededor de mis doce años, me ponía a ver por ATC [canal estatal de televisión, hoy llamado Televisión Pública] las películas europeas. Yo era un personaje, la gente se sorprendía un poco. Por ejemplo, vendía helados, entonces me iba a la costanera del río y les ofrecía helados a los que estaban ahí, y se quedaban encantados porque además yo era un gordito muy personaje que les citaba, no sé, a García Márquez. Entonces la gente se quedaba alelada, decían “¡Mirá este personaje satánico!”, y era satánico realmente. Hablaba con muchísima altura, imaginate que yo supe siempre que era homosexual, no tuve ni siquiera que ir a un diccionario. Me volaba la cabeza.

-¿Y ya desde muy chica te dabas cuenta de que eso era disruptivo?

-¡Claro! ¡Yo me daba cuenta porque estaba sola! Porque me daba cuenta de que no enganchaba.

Por otro lado, siempre gocé de la preferencia, todos los profesores me preferían porque era muy buena alumna. Era tan inteligente en ese sentido, que tenía muchos vínculos con personas adultas. De hecho, una de mis grandes amistades de toda la vida fue Elba, que era una señora de sesenta y pico de años. Había algo del mundo que yo lo había superado, lo había salteado. A los ocho años se murió de leucemia mi mejor amiga. Muchas cosas las entendí de pequeña. Nadie me tuvo que contar a mí que los milicos habían hecho desastres, porque yo había leído De amor y de sombras, ponele a los once años. Esa novela, con esa pareja que se tiene que ir de Chile porque los perseguían, me hacía entender que había algo ahí que no estaba bien. Tampoco nunca nadie tuvo que contarme cómo se hacen los bebés porque yo ya lo había visto, lo había leído, lo había entendido. Además, somos una generación que se tuvo que adaptar a lo digital, y eso ya era un acto muy grande de inteligencia: cómo procurarte vos lo que a vos te gustaba, lo que te generaba placer o satisfacción. Para mí era la literatura, para otro era jugar al básquet, pero todos tuvimos que acceder de alguna manera a eso. Y la inteligencia esa ahora se ha perdido. Entonces, para la generación más nueva, yo parezco una persona inteligente, pero es nada más que me tuve que adaptar a esto, ellos ya nacieron con esto así.

-Eras bien recibida por el mundo, ¿hasta que…? ¿En qué momento el mundo dejó de bien recibirte?

-No, es que era paralelo. Yo me daba cuenta de que me bien recibían los adultos, pero que mis compañeros no me querían. Era algo que vivía de dos maneras.

cami-17-de-24

-¿Cómo te llevás con el hecho de vivir en un mundo donde perdimos?

-Me divierte mucho. La batalla contra la ignorancia es muy divertida. Incluso cuando sabés que de antemano vos ganaste, porque sabés que sos una persona tolerante y el otro no lo es. Pero también me causa horror. Me causa horror, incluso, que las buenas intenciones siempre terminen para la mierda. Eso me parece tremendo.

-¿Por qué creés que la mayoría de las personas consumen lo que consideramos mala televisión o mala música? ¿Por qué lo que consideramos buena música, buen cine o buena literatura, pareciera que por alguna ley natural fuese para pocos?

-Bueno, pero eso es lo que uno piensa. También nosotros tenemos que saber comunicar que tal cosa es buena música o buena literatura. Evidentemente los medios saben comunicar mejor que nosotros qué cosa consumir. Además, los artistas son egoístas, crípticos, irreales, es “mi mambo”, “mi cosa”. Pero mirá los Beatles. Billie Holiday fue una cantante popular, que salvo Strange Fruit, nunca cantó una canción como las de Spinetta, ponele. Jamás. Cantaba “te amo”, “me amás”, “me dejás”, “lloro”, “veo la luna”, “llueve y te extraño”, “necesito tu cariño”. No cantaba más que eso, y sin embargo mirá el movimiento cultural que había alrededor de ella. Hay algo que tiene que ver con la comunicación, que es como si nosotros hubiéramos abandonado por cansancio, así “Bueno, ya está, listo, que gane Tinelli”.

Es como la Matrix. ¿Viste que en la película, ellos se adaptan a la Matrix? Entran, salen, usan los recursos de la Matrix. Así, lo mismo hay que hacer. Hay que hablar el mismo idioma, para que se entienda.

-En algún momento, algún integrante del jurado de un premio local de teatro, te criticó diciendo que tus actores hablaban mal.

-¡Qué horror! ¿Ves? El artista también es así: cuadrado, malo, hiriente. Y cuando hay algo que no puede comprender, lo pone en el plano de lo que está mal. En vez de comprender lo que está pasando. ¡Mis actores no hablan mal! Mis actores hablan como se habla en la calle, que es diferente. “Yo, en la villa” [imposta la voz con un tono neutro y “correcto”], bueno, se ve que vamos a villas distintas, porque yo voy a la villa y en la villa no se entiende un choto lo que se dice.

-¿Qué pensamientos tenías en la cabeza antes de todo esto?

-¡Comida! Siempre ha sido la comida. Estoy pensando las veinticuatro horas qué voy a comer. Me levanto a la mañana y digo “¿Qué voy a comer hoy?”.

En aquel tiempo salía con un pibe, mi primer gran amor. Pensaba muchísimo en él. También pensaba en el teatro. Pienso en el teatro constantemente.

-¿Pensabas cuándo podrías vivir del teatro?

-No, no, no. Pensaba en que tenía que hacer un trabajo práctico para la facu, que tenía que juntarme con alguien a hacer tal cosa, que qué podía hacer. Así pensaba y así pienso todavía. Nunca pensé ni que podía vivir de la comunicación social ni que podía vivir del teatro. Siempre pensé que podía vivir de la prostitución.

No quiere decir que yo no haya soñado con ser una persona glamorosa y tener una vida un tanto novelesca. Si lo tuviera que decir de algún modo, siempre pensaba en que podía llegar a vivir de la escritura. Porque era una cosa casi anónima, ¿se entiende? De hecho, muchísimas veces busqué trabajo como correctora, en el diario y en las editoriales, y no, no me los daban. Como cuando buscaba laburo en un call center, que era decir “Bueno, nadie tiene que saber que yo soy trans en ese lugar”, porque así a nadie le va a joder. Entonces iba, y si me rechazaban, sabía que era porque soy trans. Mi explicación era esa. Y volvía a mi casa.

Como cuando te decía recién que cuando necesitaba dinero, salía y yiraba. Cuando no necesitaba dinero, estaba en mi casa. En ese sentido, fui un espíritu muy libre. Tengo un instinto práctico para esas cosas. Sé que tengo que tener determinado dinero a fin de mes para pagar el alquiler y las cosas que necesito, y más que eso no busco. Cuando necesito más dinero, laburo más. Así vivía. No tengo una inteligencia a futuro.

-¿Te imaginás vieja?

-Sí. ¿Y sabés qué? Me lo han empezado a decir ahora a eso, que voy a ser longeva. Todo el mundo me dice que voy a morir muy vieja. Me causa mucha gracia igual.

camii-2-de-12-Y te aleja de la estadística. La expectativa de vida de una trans está alrededor de los 32 años.

-Bueno, ¡la superé!

-¿Creés que tu obra ejerce un papel para que eso cambie?

-Sí, creo que a la gente le hace bien.

-¿Las demás travestis reconocen esto?

-Algunas sí. A veces pienso que podrían venir más al teatro, enterarse más de esto que está pasando. Sobre todo a las que están organizadas, como las que están en ATTA [Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina]. A veces pienso que podrían estar un poquito más interesadas en esto. Porque se sigue pensando que todo es político, y decís “Ah, mirá, pero esta mina está trabajando desde la cultura, no está trabajando desde una secretaría”. Entonces, prestar atención de esa manera a los vectores de cambio de una sociedad. Como por ejemplo, La Garganta Poderosa, que se la interpreta toda como si fuera una cosa puramente política. Y por supuesto que tienen una organización, pero los locos también se juntan a tomar mate con los vecinos.

-Más allá de porque el mundo es muy cuadrado, ¿por qué es tan difícil conseguir trabajo para ustedes?

-Primero porque no estamos preparadas para ingresar al sistema tal y como está ahora. Hablo de una gran masa, por supuesto que en el medio hay un montón de chicas que sí, que se están preparando. Pero lo primero que tenemos que hacer es prepararnos. Yo me bancaba ir a la facultad, tener en la libreta mi nombre de varón y que haya profesores que me trataran de varón. Yo me la bancaba como una duquesa. Pero sabía que de ahí iba a sacar algo bueno, entonces me la fumaba. Capaz que otras chicas no tenían ganas de ir a la universidad y que las trataran de chabones, ni de ir a un trabajo y que las trataran de chabones. Entonces hacían algo, que era prostituirse, donde ellas siempre eran tratadas como lo que eran, como travestis. Y ahí no cabía ninguna duda, se si vos eras chabón, si eras mina. No, ahí eras un deseo. Nada más. Y estaba bueno eso. Me parece que ellas han sido prudentes, porque la discriminación causa muchísimo dolor. Es muy doloroso, muy traumático, te hace daño. Te causa un dolor muy grande ser discriminada así. Y ese dolor después puede salir de diversas maneras. Puede salir con agresividad, puede salir con arte, puede salir con trabajo.

-¿Cuál es la incidencia de tu condición sexual en tu trabajo como actriz?

-Me abrió todas las puertas. Igual, antes de hacerme conocida, me presenté a un concurso para la Secretaría de Cultura, y yo pedía que me dejaran participar con las chicas y no me dejaron. Ahí me jugó en contra, claro. Pero después cuando hice Carnes tolendas, ya todo lo demás fue siempre a favor. Porque soy única también.

-¿Los mismos que te cerraron puertas, te las abrieron después?

-Capaz que sí. No me acuerdo quiénes eran los que en aquel momento organizaban ese premio de la Secretaría de Cultura.

Hace poco me junté a hacer una nota con la Molinari [Beatriz Molinari, periodista especializada en Teatro, que escribe regularmente en el diario La Voz del Interior] en el Palacio Ferreyra [Hoy Museo Superior de Bellas Artes Evita], y el fotógrafo me contó que la primera vez que me hicieron una nota, ahí en ese mismo lugar, para un programa de tele en el que él también sacaba fotos, les habían hecho un lío tremendo porque me habían citado ahí, diciendo que “ahí no podían entrevistar a ninguna travesti”. Pero ahora llegaba y todos “Ay Cami, qué orgullo, te admiramos”, que no sé qué y no sé cuánto. No sé si serán los mismos, capaz que sí, capaz que no, qué sé yo. ¡Ojalá que sean los mismos!

 

> Final | Parte 5: El teatro