El teatro: Camila Sosa Villada V

Por Leandro Moscardó.
Fotos, por Maxi Guterman.


-Ya que me nombrás a Beatriz Molinari, ¿qué importancia le das a la crítica, a los jurados?

-No le doy la misma importancia a la crítica de La Voz del Interior que a la crítica de un medio menos masivo, en el sentido de que una mala crítica en La Voz del Interior puede hacer que mucha gente decida no ver la obra y quedarse en su casa. Por ejemplo, la primer crítica que me hicieron en La Voz decía algo así como “Un pecado: No verla. Una virtud: la actriz”. Y la gente veía la nota en el diario e iba. De todas maneras, si me hacen una mala crítica, también sé que eso depende de la periodista que fue a ver la obra, de cómo estaba ese día o de qué pretendía ver la periodista. Así que al final de todo, no le doy importancia.

De mi trabajo como actriz siempre se habla bien, nunca se ha dicho que soy mala actriz o que estoy mal en el personaje. Sí pueden llegar a decir que la temática no es interesante, o algo en relación a la puesta. De Llórame un río, por ejemplo, no hablaron mal de mi trabajo, pero sí del trabajo de dirección. Y bueno, también una es parte de eso.

camii-8-de-12-¿Qué buscás de los actores con los que trabajás?

-Que no sobreactúen. Que no griten. Que sean animales bien emocionales, que hagan partituras emocionales. No me importan esos actores que solamente entrenan en lo físico. Me gusta que les pase por dentro y que sean muy atrevidos. Que improvisen, que yo no tenga que seducir a nadie para decirle “Mirá, te tenés que sacar la ropa y quedarte en tetas” o “Tenés que tomarte tres rayas de merca acá porque tenés que hacer tal cosa”. No. Si tengo que hacer eso, prefiero trabajar sola, que sé que no tengo ningún límite con nada.

Me gusta que sean parecidos a mí. Ésa es la verdad.

-¿Desde lo emocional?

-Desde todo. Desde mi registro para actuar, por ejemplo, que es muy acotado pero es muy bueno. No soy como otras actrices que pueden hacer de todo, que pueden hacer cualquier cosa, no, soy bastante acotada en ese sentido. Pero en lo que soy acotada, soy muy buena.

-¿Es una decisión quedarte ahí?

-No, pero todavía tengo mucha tela para cortar acá. No es algo que terminé o que está cerrado. Aún tengo muchísimo por ahondar.

-En la relación con tus actores, ¿hay liderazgo de tu parte?

-No, para nada. Pero hay una convención que dice que yo veo más que ellos porque yo lo miro desde afuera, y yo también creo que es así. Sobre las cosas que decido, son elecciones que hago. De entre un montón de cosas que puedo hacer, elijo alguna pensando que es la acertada, y vemos si sale.

Por otro lado, creo que soy buena dirigiendo actores. Que no es lo mismo que dirigir una obra, en ese sentido creo que no soy buena. Pero dirigiendo actores sí, porque me interesa algo que es muy verdadero, y que -como te decía- pasa por las emociones. La manera en que los voy guiando no es algo impuesto. Trato de hacer que razonen con mi lógica, y creo que eso es muy saludable para un espectáculo. Y más vale que pregunto, y acepto sugerencias, y cuando algo no sale, trabajo para que salga.

-Pero está claro que quien manda, quien dirige sos vos.

-No, porque no tiene que ver con el mando. Te podría decir que tiene que ver con la retórica, pero tampoco es muy saludable que diga eso. Tiene que ver con que yo puedo hacer entender por qué quiero una cosa y no otra, una escenografía y no otra. Y nunca alguien acota que tal cosa es así porque lo diga yo.

-¿Creés que tus actores crecen trabajando junto a vos?

-Tendría que verlos en alguna cosa en la que yo no esté. Pero por ejemplo, Pablito [Pablo Huespe, actor] estudió dos años seguidos en mi taller. Y yo creo que él ha crecido muchísimo. No sé si es por mí, por la vida, porque él creció, o qué. Pero sí creo que ha crecido mucho, y muchas de las cosas que él usa en la obra Putito, son cosas que ha aprendido conmigo.

El Agus [Agustín Albrieu Llinás, músico. Es compositor de piezas musicales para el teatro] dice que sí, que él ha crecido mucho. Yo creo que contagio cierta fiebre por el trabajo, cierto entusiasmo por un proyecto. Entonces, creo que se ponen la camiseta de esos trabajos que hacen. Por otro lado, me parece que acerco determinada manera de entender el mundo, que prende en los demás. Por ejemplo, pensar una escena dramáticamente, ver dónde puedo brillar como actriz, dónde puedo hacer algo interesante. Es lo primero que yo pienso cuando recibo una propuesta. Y ellos también, yo me doy cuenta de que inmediatamente descubren dónde está el filón de oro. Con Agustín, es decirle “Mirá, acá tocá lo que se te cante. Este tema escribilo como quieras, yo necesito que el otro sea de una determinada forma, pero en éste hacé lo quieras”. O con la Juli [Juliana Manarino Tachella, iluminadora, escenógrafa, directora de arte], era “Bueno, necesito tales elementos. Cómo los hagas, o del color que los pintes, es un tema tuyo y hacé lo que quieras. Sólo necesito esto”.

cami-11-de-24-¿Te considerás una persona con la que la gente quiere trabajar?

-Creo que sí. Me escriben para decirme que quieren trabajar conmigo y eso. Por ahí me da cosa si tengo que decir que no, porque la gente puede sentir que una los desprecia, que una no le da valor a su ofrecimiento. Pero lo cierto es que trabajo con quien tengo ganas de trabajar. Por ejemplo, a la Fabi [Fabiana Bringas, actriz] la veía actuar en los talleres y dije “Ah, me interesa actuar con esta mina”. O con la Tortu [Gisela Casalis, actriz], es una mina con la que yo disfruto trabajar, no puedo pensar en llamar a otra persona en su lugar, o en el lugar de alguno de los otros. Se tienen que dar muchas cosas para que yo quiera trabajar con alguien.

-¿Qué les inspira a los demás actores el hecho de trabajar con vos?

-El mundo sórdido, esa cosa fea, esas temáticas con las que trabajo. Me parece que eso es lo más seductor. Por ejemplo, el Agus contaba que lo primero que vio de la Frida fue una escena mía basada en un cuadro de Frida Kahlo llamado Henri Ford Hospital, donde aparece ella, que ha tenido un aborto involuntario, en una cama llena de sangre. ¡A mí eso me parecía una cosa increíble de hacer! Poder hacer que ese cuadro hablara. Entonces armamos el cuadro en escena, y el Agus me vio ensayando y dijo que le impresionó tanto que parecía que era real, que yo había abortado ahí, por cómo lo actuaba. Y que eso a él le dio la pauta de que quería laburar ahí. Entonces, es como decirte que hay algo de un universo mío, que puede ser el delirio, como con mi personaje en Putx madre, que es como una gallina y a la gente le parece raro y les gusta estar ahí.

Es la temática.

-¿Cómo te llevás con las demás personas del teatro?

-No me llevo mucho, no doy mucha bola. No me interesa estar metida en el establishment teatral, ni estoy al tanto de cómo les va a las demás obras. Sí hay algunos artistas que me interesan, para bien, desde un lugar afectivo, pero sobre todo de oficio. Por ejemplo, lo de Paco me interesa, voy a ver sus obras. Pero hay chicos que son anónimos y no pertenecen a ese establishment del teatrero medio, y hacen cosas que están maravillosas, como el Pablito por ejemplo. Entonces como yo sé que eso me va a interesar, lo busco y lo consumo.

No hay nada que deteste más del ambiente teatral que ese lleve y trae y el chisme y esa cosa de los teatreros, que entrás a un lugar y no sabés si te están mirando con buena o mala onda. Como eso no me interesa, no participo, no estoy ahí. También sé que no tengo que preocuparme por hacer lobby o por caerle bien a algún director. No es que pienso que tendría que ir a charlar con tal o cual, ¡que es lo que hacen conmigo! Como a mí no me hace falta eso, yo me relajo y estoy en mi casa.

-¿Cómo reaccionás ante el lobby de los otros, ante el querer caerte bien?

-Ah, les saco la ficha al toque. Me doy cuenta si quieren ser mis amigos de verdad, o si quieren actuar conmigo. Cuando empecé a hacerme conocida, me fumé cada histeriqueo… que pensaba “¿Por qué me histeriqueás? Si vos lo que querés, es trabajar conmigo. No me querés garchar. ¿Para qué hacés todo ese circo de la histeria si lo que querés es otra cosa?”. Eso sí me pasaba mucho. Después me ha pasado de personas que se acercan, y cuando ven que no va por ahí la cosa, que no vamos a trabajar juntos, dicen “Ay, es una pelotuda”.

camii-11-de-12-Creés que te va mejor que a los otros.

-Me va mejor en el sentido de que puedo vivir del teatro. Y que me conformo además, que estoy bien viviendo como vivo, como actriz. Entonces, para muchos, que deben tener que ir a laburar a una oficina, o que no han podido foguearse y conocerse, es distinto. La actuación tiene mucho, no de fama, pero sí de reconocimiento. Mientras vos hagas obras a las que te vaya a ver muy poco público, que generalmente son tus amigos y los amigos de tus amigos, como actor va a haber un costado que no vas a desarrollar. Bueno, a eso yo ya lo tengo hecho, ya lo tengo ganado. Porque yo entré por la puerta grande, y es muy loco porque yo siempre fui una persona que, por cualquier otro motivo, hubiera entrado por la puerta de atrás. En ese sentido sí, creo que me ha ido mejor. Porque aparte soy reconocida como actriz con muchísimo respeto. Por ahí veo directores de teatro o de cine, o actores famosos que se acercan con pavor a hablar conmigo, que tienen miedo de hablar conmigo. No sé cuánto de respeto es a mí, sólo como actriz, o cuánto por ser una persona que sobrevivió y bla bla bla. Como eso no lo puedo saber, no lo pienso.

Y por otro lado, ¿cuántas actrices pueden vivir así? Que los fans vayan y les lleven cartitas y regalos, ¿cuántas? No, no hay.

-Sobre todo en Córdoba.

-¡Soy como la diva de cabotaje! (Risas) Pero también es porque soy interesante, no sólo soy actriz y buena actriz. Sino que me he hecho querer, he abierto mi vida para que los demás me quieran, conozcan qué me ha pasado en la vida y cómo he sobrevivido a muchas cosas. Así, la gente te quiere, que es diferente a que sólo te respeten.

-Más en una cultura que a nivel masivo le es difícil dialogar con el teatro.

-Sí, pero si miramos a Vicente Luy, por ejemplo. Más allá de ser escritor, era un tipo que además era atractivísimo [sic], era un personaje que generaba curiosidad. Eso me parece que pasa conmigo.

La gente también valora que me haya quedado, que no me haya ido a Buenos Aires.

-¿No pensás en vivir en Buenos Aires?

-¿Y por qué tendría que pensar en vivir en Buenos Aires? Yo voy, trabajo, y me vuelvo a mi casita. No me tengo que estar tomando el subte y fumando todo lo que tiene de malo Buenos Aires. Pasa que desconocemos e idealizamos. Todos mis amigos que se han ido a hacerse la América a Buenos Aires, siguen siendo igual de anónimos que acá.

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-¿No te seduce imaginar que allá puedas trabajar con mejores actores o directores?

-No. Es que no hay ni mejores actores ni mejores directores. Lo que nos falta a nosotros es dinero. Eso sí, allá hay más plata.

-¿Quizás porque tienen un mayor público, por ser una ciudad con más habitantes?

-Sí, pero además porque han encontrado algo maravilloso que es hacer del teatro una industria. Eso es maravilloso. Y monstruoso, también, por supuesto. ¡Muy mostruoso! Pero es maravilloso que haya una industria alrededor del teatro. Y nunca es en desmedro del teatro independiente o del teatro off, al contrario, siempre es a favor. Porque hay algo que se mueve, y así como podés ir a ver a Marilú Marini al teatro La Plaza, puedo ir a ver una obra a un barrio perdido en la loma de la mierda, y va a tener el mismo delirio y vas a asociarlo inmediatamente con esa industria que brilla en la calle Corrientes.

-¿Qué condiciones propiciaron que en Buenos Aires se genere esta industria?

-El unitarismo. La idea de que todo pasa en Buenos Aires. Que es algo que pasa efectivamente porque hemos aceptado que sea así, nada más que por eso. Igual no tiene que ver con el hoy, sino en cómo se concibió la Argentina. Ahora es así y nuestro deber es decir que eso no es verdad. No es así, ni musical, ni actoral, ni teatralmente, ni tampoco en la literatura. No son mejores que nosotros. Tienen más dinero y ese hecho miente, nos miente diciéndonos que son mejores. Pero no lo son. Viste que vos los ves y hasta el más pinche está con eso de “Nos fuimos de gira a Hong Kong” y vos te preguntás quién es este pibe, ¿quién lo conoce? Y es que han aprendido a vivir de una manera que a la gente le genera curiosidad. Entonces cualquier pichi canta en un bar y llena.

-¿El teatro está creciendo en Córdoba?

-Sí. Todo está creciendo.

-¿Cuánto de ese crecimiento del teatro tiene que ver con vos?

-Un uno por ciento. Sí tengo parte en ese crecimiento, pero es muy poco. Yo participé, por esto que te digo, porque muestro que también se puede vivir del teatro, que te pueden hacer notas y salir en los diarios, y la gente acceder a vos, gente que nunca en tu vida hubiera accedido a vos. Y eso para los teatreros no era algo viable, que te entrevisten en canal 12, que te hagan notas, críticas, y todo eso.

Y empezó a pasar que todos comenzaron a trabajar más profesionalmente.

-¿Creés que hoy hay chicos que, pensando en qué van a hacer de sus vidas, te ven a vos y se animan a meterse en el teatro?

-Sí, me pasa que me escriben y me dicen que gracias a mí se han dado cuenta de que lo que quieren es hacer teatro.

-Eso es un aporte grande. En todas las disciplinas, los referentes impulsan a otros a comenzar su camino.

-Bueno, a mí me pasó con Paco. Yo entendí que el teatro me gustaba tanto cuando vi una obra de Paco.

-Pero lo tuviste que encontrar. A vos te encuentran fácil.

-Ah, sí, claro. A mí ya se me

-¿Qué otros factores confluyeron para que crezca el teatro en esta ciudad?

-La comunicación es uno. Internet sin dudas, el Facebook. Todo eso ha sido a favor.

camii-10-de-12-¿Por el hecho de que los medios de comunicación antes estaban centralizados?

-Si, estaban centralizados y la comunicación era mucho más inaccesible. La otra vez, en un medio me comentaban que la nota que me habían hecho había sido la más leída de la semana en su página web. Y me decían que los contenidos online son lo que más les importa a ellos. Entonces, digo, hay algo que es de mucho más fácil acceso, ponés doscientos pesos en una publicidad en Facebook y eso llega a un montón de personas. Con el Agus hicimos eso para Misa Negra y caía gente a Alta Gracia [teatro-bar donde se realizó este espectáculo] que nosotros no teníamos ni idea de quiénes eran y nos preguntábamos de dónde habían salido. Y bueno, ellos se encantaban con la obra y se divertían. Creo que algo de toda esa publicidad online nos jugó a favor.

Otra cosa que hoy juega a favor tiene que ver con los gestores culturales. Por más que los troskos después digan que son unos hijos de puta, que el Pancho Marchiaro usa moño o es un cheto, o no sé qué más, mirá, creo que la tarea de los gestores culturales en estos años ha sido a favor de la cultura. La Feria del libro, fijate que hay gente que dice que es lo mismo que ir a una librería, ¡y bueno, es una feria! Si vas a una feria agroecológica, no te regalan los budines, te los cobran. Creo que todo esto ha sido a favor.

-¿Cuáles son los temas que te interesan?

-Más que temas, me interesan vidas. Me interesa contar mi vida y las vidas de las personas que yo conocí, en relación a mí, en relación a ellas y a su pasado. Me interesan determinadas epopeyas de algunos personajes. Porque supongo que me vibra cierto instinto dramático. Por ejemplo, Gilda creo que puede ser un éxito porque está Natalia Oreiro, pero creo que Gilda no tiene una vida interesante de contar. Que lo que tiene interesante de contar es su muerte. Entonces no me fijaría nunca en un personaje como ella para actuar. Sí me interesa la Difunta Correa, por ejemplo, porque tiene todo un universo, un mundo y una estética, y un tiempo y un misterio alrededor, donde yo puedo meter mano y sacar elementos que a mí me dan leche, y que le dan leche al público al verlos.

-¿Qué hace que una vida sea interesante para vos?

-Una historia de amor siempre es interesante. La Difunta Correa está atravesada por una cosa que tiene que ver con el amor, que es muy jugosa, que es muy linda. Bueno, ahí hay teatro, porque había alguien que se oponía a eso. Ella se tuvo que escapar, se metió al desierto a buscar a su esposo porque la estaban buscando para matarla. Matarla en un acto puramente machista, que era que el tipo que gustaba de ella estaba caliente, y como ella no le daba bola, la quería matar. En cambio, a mí, la vida de Gilda, que era una mina que tuvo toda la suerte del mundo, que no tuvo que pelear contra nada porque todo se le fue dando, no me parece interesante. La de Billie Holiday sí, porque ella anduvo en cabarets, estuvo presa, era drogadicta, los maridos le chupaban la vida. Ahí sí veo una veta dramática que es interesante, y me parece que eso siempre produce misterio. ¿Cómo es el dicho? Algo así como que una vida feliz es una vida feliz para vivirla pero no para contarla. La gente está hambrienta de otra cosa. De la tragedia, del héroe, de eso donde está metida la muerte, que es el misterio más grande, la vida y la muerte, porque son cosas que no podemos explicar. Entonces todo lo que toque ese tema va a ser bien recibido. Después, me parece que Gilda es un fenómeno del marketing. Desde que se murió Gilda, Natalia Oreiro está queriendo ser ella. Viene actuando de Gilda desde hace años. Y no, esas cosas anodinas no me dicen nada, tiene que tener quilombo. Si no tiene quilombo, no me interesa contarlo.

-Creo que a algunos les gustaría ponerle de título a esta entrevista “Si no tiene quilombo, no me interesa”.

-¡Pero así es la vida entera!

 

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