La vida en paz: Camila Sosa Villada III

Por Leandro Moscardó.
Fotos, por Maxi Guterman.


-El sufrimiento fue una materia prima en tu trabajo. Parece que vas saliendo de ese lugar.

-Sí. Lo que pasa es que lo que pasó, pasó de verdad. Fue concreto y real, y está ahí como un cuerpo que me va a doler siempre. Yo fijé determinados sentidos que ahora me quedan chicos porque he madurado. Crecí pensando que mi papá no me amaba, que mi papá no me quería, que me odiaba. Y en la terapia descubrí que no, que lo que sentía eran otras cosas: eran celos porque mi vieja lo apartaba para castigarlo por lo que hacía, entonces lo apartaba de nuestra relación, y él era una persona que boyaba alrededor de lo que nosotras habíamos construido. Entonces cuando crecí me di cuenta de que ese desamor que yo sentía no era desamor para mí, era desamor entre ellos. Esos sentidos que yo fijé, ahora no me sirven, por eso ahora ya no me duele tanto. Y después, otra cosa que descubrí es que todo eso que me pasó, ahora no me va a pasar. Me pueden pasar cosas nuevas, pero eso que me pasó, ya no. Ni la discriminación, ni la soledad, ni la falta de guita. Todas las cosas que me pasaron en ese período de mi vida ya no me van a pasar, entonces estoy viviendo de otra manera.

-¿Qué te genera eso?

-Liberación. Liviandad.

-Te cambia el cristal con el que ves la vida.

-Y con el que ves a los otros también. Yo era una persona muy susceptible, que pensaba que el daño era para mí, era contra mí, que todo era contra mí. Y pude entender que no, que hay muchísimas cosas que se dan por miedo, que hay muchísimas cosas que son por ignorancia, que así como puede ser conmigo puede ser con cualquiera.

camii-3-de-12-¿En qué cosas, alguien que discrimina, es víctima de la ideología de nuestra sociedad, y hasta qué punto es victimario?

-Que sea una víctima no es antagónico a que sea un victimario. Todos dañamos y nos hacen daño por igual. Una cosa no quita la otra. Somos todos víctimas del sistema. Hasta el más horrible asesino que entra a un aeropuerto y quema a otras personas, es una víctima. Y hasta que no podamos ver eso, mientras sólo pensemos que son victimarios, y que no está por detrás de todo esta falta enorme de amor que te digo, esta enorme carencia afectiva que tiene la humanidad -que no es de ahora, sino que es desde siempre-, no vamos a poder solucionar nada.

-En la discusión social, me pregunto hasta qué punto uno debe convencer al otro, y hasta qué punto se lo abandona con su creencia, que uno cree equivocada.

-No es responsabilidad tuya, ni mía. Por eso yo no creo en eso que dicen que yo sea referente de nada. No es mi responsabilidad. Yo hago lo que puedo, hasta dónde me da el cuero, y cada uno hace lo mismo. Porque hay que ir en contra de algo que está arraigado de una manera muy fuerte. No hay manera de ir en contra de eso. Como ya no se puede, y el mundo se va a acabar muy pronto, hay que tratar de vivir lo más tranquilo posible. Mantenerse al margen de esas cosas. Saber mantener lejos a las personas que te maltratan, no dejarte maltratar. Bueno, con eso ya tenés para una linda vida, me parece.

-Me cuesta mucho creerte estas últimas palabras, vos construiste tu vida de otra manera.

-Pero estoy tranquila. Ahora y antes también estaba tranquila. Todas las cosas malas que me hicieron, todo lo que yo puedo ahora reclamar, lo reclamo porque es necesario que se sepa, que se sepa que también somos capaces de hacer esas cosas.

-Digo, vos no buscás una vida apacible.

-¡Sí! Mirá, yo me levanto a las siete de la mañana, abro los ojos sola, no pongo despertador. Me levanto, me traigo la compu, la prendo, me hago unos mates, me hago unos huevos revueltos con jamón, me siento frente a la computadora con un café, leo las noticias, riego las plantas, y ando, qué sé yo. Si tengo que hacer alguna nota, me pongo espléndida. Me voy en bicicleta a todos lados, salgo a trotar, tengo una vida que no te imaginás lo pacífica que es!

-Pero tu obra es disruptiva, y es parte de tu vida. Carnes tolendas, ocupó un lugar en la discusión sobre género y sobre la realidad de lxs trans en Argentina, que me recuerda la frase de Baldessari, sobre estar en el lugar y en el momento correctos. Y por otro lado, cuando hablamos de la obra en su incidencia social, más allá del hecho artístico, hay una militancia ahí.

-Sí, pero en el sentido de que todo hecho es político. Y bueno, ¡eso lo dice la política! Pero entenderlo en términos políticos es una manera. Otra manera es entenderlo en términos culturales, y es mucho más rico, más interesante, porque si vos lo pensás en términos políticos, ves a una persona que luchó por sus derechos, dejó la prostitución, bla, bla, bla. Y eso la gente no lo sabía, lo supo muchos años después. Entonces, si lo pensás en términos culturales decís “Mirá, apareció una trava, que salió de no sé dónde e hizo una obra en la que la mina hace de todo, que hace un montón de personajes, andá a verla, boludo, capaz que te gusta”. Vos lo ves desde ese lugar y es mucho más interesante.

Hago la distinción porque pensar todo como político es una forma. Y pensarlo desde otro lugar te puede dar eso de descubrir algo que no estabas viendo. Hay cosas que necesitan entenderse culturalmente, no políticamente. Fue algo cultural, que pasó en Córdoba. Fue que, de repente, ocupé un lugar que además no lo estaba ocupando ni una mina ni un chabón. O sea que no es que sólo ocupé un lugar como trans. ¡No! Ocupé un lugar. Un lugar en la cultura. Y muchísima gente me dice “Empecé a escuchar jazz desde que vos publicabas esa música en el Facebook”, y sin dudas escuchar jazz te provoca determinadas cosas que escuchar Shakira no te provoca. Entonces, ves que empieza a pasar algo que es cultural, que no es político, y que tiene que ver con las emociones. ¡Que es infalible, además! Porque vos lo podés asentar en la cabeza de una persona, lo podés poner en términos de conocimiento puro y constatable. Y también lo podés poner en el sitio de las emociones, y eso es como si corriera por sangre. Por más que no lo entiendas, hay algo en vos que sucedió.

-Parte de tu obra en teatro involucra papeles de travesti, y tu participaciones en el cine y en la televisión también, e igual renegás de tu lugar de referente trans.

-En teatro hice de Billie Holiday, hice de Tita Merello, de Frida Kahlo. En El bello indiferente hice de una mina sin género. En cine y televisión sí es verdad, pero a esos trabajos no los escribo yo. Ésos los escribe una persona y yo los acepto.

-Pero el cine y la televisión, donde siempre has encarnado este tipo de papeles, tienen un alcance, que si no es mayor, sí es diferente.

-Más allá de que tengo un criterio, y que no voy a hacer cualquier cosa, yo ahí ofrezco mis servicios como actriz. Ahí no estoy militando, no es que en ese momento me pongo la camiseta del personaje, ni en La viuda de Rafael ni en Mía. Nada de eso. Yo ahí ofrezco mi oficio como actriz. En las cosas que yo hago, que yo escribo, ahí sí. En algunas de mis cosas me puedo hacer cargo de una militancia cultural y estética, nada más. Pero de las cosas que hice para otras personas, bueno, no me voy a hacer cargo, porque yo no milité ahí, yo actué y trabajé como actriz.

-Sin embargo, en La viuda de Rafael y en Mía hay, en los dos casos, una incidencia social. Y sos parte de esas obras, y parte central.

-Pero es porque los planetas se alinean y eligen a una persona que provoca ese tipo de cosas en el público, y les sirve a ellos. Javi [Javier Van de Couter, director y guionista de Mía], cuando escribió Mía, tampoco se comió que estaba haciendo algo político. Lejos de eso. Era su mambo en ese momento y él tenía ganas de contar eso.

A ver, había un gran movimiento. El trailer lo estrenamos en la marcha del orgullo gay en Buenos Aires en el 2011, frente a cuarenta mil putos, travas, tortas, familias, gente que veía desde los edificios ese trailer. Pero eso fue algo posterior a la obra, y eso nunca se puede saber, es algo que pasa después. Que la gente se agarra y se apropia de la obra, y dice “Esto también me representa políticamente a mí, por tal cosa”. Pero eso es después. Y es de la gente.

-En el caso de La viuda de Rafael es aún más patente, porque trabaja todavía con más estereotipos.

-Pero yo peleaba con las productoras porque me querían poner extensiones, por ejemplo. Les decía “Pero esto es inmundo, esto queda horrible, no me gusta esto”. Yo tenía el pelo carré en ese momento, y me querían poner extensiones. Me dijeron “Capaz que vos empezaste a travestirte con el pelo corto, y a medida que te fuiste haciendo más mujer te dejaste el pelo largo”,  y yo les decía “¡Pero las mujeres más interesantes de la historia han tenido el pelo corto!”.

Así era, entonces no, no se puede pensar que el arte sea político antes de nacer, que un artista sólo es político. A la gente le conviene, y lo toma así. Pero no es así siempre.

-¿Cómo te llevás con eso de que la gente lo tome así?

-Ni me hago cargo. Nada. Los kirchneristas me agarran como que soy kirchnerista, los macristas como que soy macrista, porque no entienden que una persona pueda ser independiente.

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-Después de lo que te pasó a vos, ¿creés que el ser humano es bueno?

-Sí. Creo el ser humano tiene una capacidad de amar infinita.

-Antes me dijiste que la humanidad tiene una carencia afectiva.

-Es lo que intentan hacer estas reglas en las que nos desenvolvemos, anular ese espacio afectivo. Entonces uno niega afecto, instintivamente ya, para sobrevivir. Hay gente que dice “No te enamores, los hombres te van a hacer sufrir”, o “No quieras tanto a ese chico, no lo tengas tanto en brazos que lo vas a hacer estúpido”, o “No hable, no se exprese, no hable tanto en clases”. Bueno, todo eso forma parte de esa otra batalla que liberan las personas, y que tiene que ver con reprimir constantemente la capacidad de afectarnos. Entonces nos criamos así, con tus viejos que no te quieren, que te ignoran, que te dejan por la tuya, o creen que te están queriendo pero en realidad te están haciendo un daño bárbaro, que transfieren sobre vos muchísimo resentimiento que tienen, porque si nosotros los treintañeros la pasamos mal, imaginate nuestros viejos, nacer en los ‘50, con eso de “Marche derecho, sea correcto, haga tal cosa, derechito a la casa, de la casa al trabajo, del trabajo a la casa”. “No te rasques en público”, ¡mirá hasta dónde llega!

-Ya que estamos conversando sobre el amor y sobre la bondad de la humanidad, ¿vos creés en algo, en algún tipo de dios o energía, en algo después de la muerte?

-Creo, o me gusta creer, en los duendes del teatro. El duende era algo que Lorca decía, que bajaba o no bajaba, que el teatro pasaba o no pasaba. Yo creo en eso, en que pasa o no pasa. Uno le pone un nombre, ¿no?

Después sí, creo en la Difunta Correa, en la Virgen del Valle, pero porque son parte de cosas buenas de mi vida, entonces decirte “Creo” es decirte que son la representación física de algo bueno en mi vida. Por ejemplo, tres meses antes de estrenar Carnes tolendas, mi mamá fue a pedirle a la Difunta Correa por trabajo para mí, porque yo estaba en cualquiera. Y tres meses después estrené Carnes tolendas. Es una locura que haya coincidido. Entonces, para mí, la Difunta Correa es eso bueno que me pasó en ese momento de mi vida. Como la Virgen del Valle, por ejemplo. Los duendes del teatro son algo bueno que me pasa cuando sucede esa comunicación con el público que te decía antes, que está todo el mundo atento a vos, y a lo que tenés para decir.

Y también creo en las buenas acciones. Como una idea budista de que las buenas acciones provocan buenas acciones.

-¿Y en algún tipo de dios?

-No, no puedo pensar en eso.

-¿Hay algo más allá de la materialidad?

-Sí, pero es la espiritualidad de cada uno. No tiene que ver con dios. Son millones de espíritus. Estamos en este mundo material, y hay algo alrededor, que sucede, y que es nuestro, y que a veces pasa con el otro y nos conectamos. Nos conectamos a través de la carne, a través de las maneras que hemos aprendido para comunicarnos en este plano que es material. De la misma manera pasa algo acá arriba, que hace que las personas se conecten de esa manera. Pero es algo de cada uno.

-¿La Difunta Correa no te hubiese ayudado si tu mamá no iba y le pedía?

-No, en ese sentido soy escéptica. No tuvo que ver con el pedido. Tuvo que ver con que pasó. Pasó que me cambió la vida, pero eso no es obra ni de la Difunta Correa ni de mi mamá ni de mi tesón por el salir adelante. Yo no tenía la más mínima intención de salir adelante de nada, porque para mí yo no estaba atrás de nada, yo estaba donde estaba. Entonces tuve un golpe de suerte y todo cambió. Coincidió hermosamente que sea así, que mi mamá justo antes haya ido, y uno puede tener una razón para decir que pasó porque fue un acto de amor y de fe de mi mamá. Pero como yo no creo en eso, creo que las cosas pasan o dejan de pasar, que es mucho más azaroso y menos consabido, lo único que hago es tomar ese hecho que fue hermoso, que aunque ella no lo supo encarar, y capaz hubiera sido mejor decirme “Che hija, ¿qué estás haciendo? ¿qué está pasando? ¿qué necesitás?”, lo hizo así, lo expresó así. Mi mamá no estaba tan ciega, no estaba tan alejada de mí, y podía intuir que algo me pasaba.