Camila Sosa Villada: Entrevista completa

Por Leandro Moscardó.
Fotos, por Maxi Guterman.


 

Camila Sosa Villada (La Falda, Córdoba, Argentina) es una escritora y actriz de cine, teatro y televisión. Puede leerse más sobre su biografía en su entrada en Wikipedia.

Lo demás, lo que no sale en Wikipedia, es que es una persona muy, muy inteligente, que ríe mucho, dueña de un talento verdaderamente único.

La entrevisté la mañana del sábado 15 de octubre de 2016, en su departamento en el centro de Córdoba. Hablamos unas cinco horas y su enorme generosidad hizo que la conversación transite lugares profundos y siempre amables. Me habló de su trabajo, de su infancia, de su camino, de todo lo que fue aprendiendo, de sus creencias, de hacerse vieja, del ambiente del teatro, del amor, de la familia, de las vidas que le inspiran. Esa conversación está transcrita aquí casi tal cual fue, sin mayor edición.

Camila no necesita que se la edite, con prender el grabador el trabajo ya estuvo casi resuelto.


Aprender

LM: -¿Cómo vivís nuestra ansiedad por vos? Esta insistencia del periodismo por entrevistarte y del público por conocerte.

CSV: -Me gusta mucho charlar, y eso hace que no sea un perno. Además, entiendo que es un trabajo hacer que la gente me conozca.

Por supuesto que hay determinadas formas que no me gustan en cómo se me encara. En algunos programas de televisión y de radio no me gustó cómo fui tratada, y sé que a esos lugares no voy más. Ya tengo el ojo entrenado para decir “No, mirá, no la puedo hacer a la nota”. En muchos de estos espacios, el foco siempre estuvo puesto en mi sexualidad, y eso me parece un bajón. Cuando se ponen muy amarillistas... bueno, he cortado entrevistas, ¡he hecho mis travesuras también!

Sobre todo en el diario [no especifica cuál] no han entendido nada, hay mucha incomprensión, les falta algo tan básico y que se enseña en la escuela primaria, como es la comprensión de un texto. En algunos periodistas eso no existe. Entonces, he ido sabiendo ver que a determinados lugares no voy más, o que a tal persona no la recibo más.

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-Cuándo decís que es un trabajo, ¿también vos usás este espacio para tus intereses?

-De estas cosas viven el periodismo cultural y el periodismo de espectáculos, de las personas que activamente están en la cultura. Pero es necesario comunicarlo desde las dos partes: el artista y los medios. Por eso entiendo que es un trabajo que se hace de dos. No es ni mi intención usar al medio, ni la intención del medio es usarme a mí. Nunca pienso que se aprovechen de mí, eso jamás, más allá de que debe haber alguno que piense “Mirá, si viene la Cami, viene más gente” o vaya uno a saber.

Si yo fuera una persona que no dependiera de mi trabajo, de que me vaya a ver gente al teatro, bueno, me lo podría tomar con más relax, podría ser un poco más disoluta en muchas cosas o prescindir de hacer notas en medios de poco alcance. Pero dependo de esto, de que la gente vaya al teatro a verme, así que lo tengo que hacer, no hay más vueltas.

-¿Y más allá de la entrevista de difusión?

-No, es que es todo una misma cosa. Es como un ranchito que vos vas haciendo piedra por piedra. Es algo muy chiquitito que se hace. Por eso es que es un trabajo, porque es así todos los días. Y eso me hace soportar mejor un montón de cosas: me gusta encontrarme a charlar, me gusta que me conozcan, y me gusta ese espacio que no es ni la vida real ni es una obra de teatro. Está al medio. Y se trata de contar cómo es tu personaje.

-Desde los años donde lo pasabas mal porque te discriminaban, hasta hoy, hay todo un proceso. ¿Cómo fue ir haciéndote popular, ir revirtiendo esa realidad? ¿Cómo fue pasar de sentirte segregada, a esto de hoy en donde las personas no sólo te aceptan, sino que te respetan, te admiran y te quieren?

-Bueno, tuve un golpe de suerte que fue hacer Carnes Tolendas, que fue un boom. Fue realmente un suceso en mi vida, y en lo que pasaba en Córdoba en ese momento en el teatro. Estuvimos en una brecha muy linda. Pasaron muchas cosas luego, y yo pienso que la obra formaba parte de un movimiento de visibilización que se venía gestando.

Y después con Mía. Cuando me fui a filmar esa peli a Buenos Aires, entendí que ése era mi trabajo, que yo iba a cobrar un montón de dinero por hacer eso que estaba haciendo, que era una oportunidad, y que me servía porque yo no quería volver a la calle. No quería tener que volver un paso atrás. Entonces hice todo lo posible para que eso no pase. Y tuve ojo, además de buena suerte, claro.

Fue un aprendizaje, pero fue un aprendizaje que yo había empezado a hacer mucho antes. No es que apareció la idea de tener que adaptarme a la sociedad después de Carnes Tolendas. Para nada. Ese aprendizaje de ser una persona sociable, yo lo venía haciendo desde hacía muchísimos años. Entonces no fue difícil para mí adaptarme a nada.

Sí tuve que aprender una cosa: también la vida era hermosa, también me pasaban cosas buenísimas. Eso tuve que aprender. Pero es un trabajo psicológico que hago en el diván y que hice antes escribiendo. Aprender nuevos sistemas de reacción y de acción, que no los creía posibles hace diez años. Si no hubiera aprendido eso antes de Carnes Tolendas, mi vida habría sido un desastre. ¡En vez de dejar las drogas, las hubiera agarrado a todas! Porque además supongo que perder popularidad, o de repente desaparecer, debe ser muy traumático. Como la peli de Baby Jane, hubiera terminado loca como ella.

-¿Pensás en eso?

-No, no. Lo pienso ahora que te lo estoy diciendo. Pero debe ser algo muy triste que te pase.

-¿Por qué?

-Porque el flujo de cariño no se termina, es constante. Es una energía que sí se recibe, que sí te pasa, eso de recibir el afecto de las personas. Personas que te cuentan su vida, que te cuentan sobre algo que les pasa porque no saben a quién contárselo. Es un acto de amor y de confianza. O personas que te esperan en el teatro con una carta y un obsequio. ¿Ves todas esas cosas que tengo pegadas en la heladera? Son cartas que me han resultado significativas. Dejar de recibir eso debe ser triste.

¡Igual es todo una vanidad de actriz! Es todo una vanidad de persona que trabaja con hacerse amar.

-Y vos creés que la gente te cree.

-Sí, creo que sí. Porque soy sincera, y también porque soy muy amorosa con mi público. Trabajo muchísimo para que cada obra sea mejor. Me tomo muy en serio mi profesión, porque la amo. Y por lo que te digo: es también mi trabajo. Entonces hay un cincuenta por ciento de amor puro por el oficio y un cincuenta por ciento de sentido de la responsabilidad que requiere cualquier trabajo.

-Has hablado en algún momento de la comunión que tu trabajo genera con la gente, y de cuánto necesitás esa comunión. Se me ocurre que es un lugar distinto al de la fama.

-¡Si me interesara la fama, sería famosa! Lo que me interesa es eso que sucede ahí: recibir una carta donde alguien te cuenta “Me dejó mi marido”, “Estoy saliendo con una chica trans y no sé cómo contárselo a mis viejos”, ¿entendés? Es una cosa muy loca lo que me pasa, esto de recibir afecto en forma de intimidad. He actuado para miles de personas. Cuando canté en la marcha del orgullo en Buenos Aires había cincuenta mil personas escuchándome. Pero no tiene que ver con la masividad, sino con la intimidad, que puede ser en el marco de una gran masa o para diez personas. Tiene que ver con que pasa algo ahí, que la gente se queda asombrada y atravesada por algo que estás ofreciendo vos.

-¿No te agobia?

-¡No! ¡Me encanta! Me duele cuando no pasa, porque por supuesto que en dos horas de obra, esto pasa en dos minutos. No sé, es muy transparente, es una cosa que no se puede ver, es algo que vos sentís en el corazón, que tiene que ver solamente con vos, y que es que en un momento los ves a todos con una cara de locura mirándote, diciendo “Ay, mirá, está pasando algo”, que puede ser cuando canto o cuando actúo. Pero son brevísimos instantes.

-Vos trabajás con un lenguaje accesible para el público en general. Tus obras pueden ser entendidas por alguien que no sepa mucho de teatro.

-Bueno, eso es algo que yo lo pienso. Digo “Esto lo va a entender mi papá o no lo va entender mi papá”. Ésa es la vara que tengo. Mi papá es un hombre sencillo, pero tiene instinto, le gustan cosas que son muy bellas. Yo sé que a él lo ha transformado verme en el teatro, ver a su hija hablar de determinadas cosas lo ha hecho crecer como ser humano. Y yo entiendo que a las personas les podés cambiar la vida para bien, haciendo las cosas que hacés siendo artista. Mi mambo me interesa, en tanto es parte de un negocio entre el público y yo. Yo tengo ganas de mostrar esto, pero por otro lado tengo que pensar en que es el público lo que completa una obra. Entonces negocio con eso. Digo, tengo que hablar de determinada manera de las cosas, no puedo ser completamente críptica con lo que me pasa. Tiene que ser algo que sostenga mi economía, tiene que haber gente que me vaya a ver. Si yo recorto, tengo que saber que estoy haciendo esa obra no para ganar dinero, sino para darme un gusto, como por ejemplo Putx madre, o cuando hice El bello indiferente en Buenos Aires, que son obras que no me dieron dinero, pero que en mi currículum mental, en mi currículum emocional, me significan un crecimiento.

-A nivel popular, hay una energía muy positiva hacia vos. ¿Pensás cosas como “Hay gente que no sé que existe, y me quiere”?

-Me escriben desde Chile, desde Estados Unidos. Hace un tiempo recibí un mail rarísimo de España, de una mina que es maestra en un pueblito, que había ido de casualidad no sé a qué festival y había visto Mía. Entonces la había buscado, la había bajado, y se la pasaba a sus alumnos. ¡Mirá hasta dónde llega! Después cuando salió Mía en Fox, me escribían de lugares muy distintos preguntándome cómo estaba de la fiebre, cómo andaba, qué sé yo. Me encanta. Eso tiene la profesión. Nunca me comí ninguna historia con eso, ni para bien ni para mal. Ni creerme la falsa humildad, ni creerme algo que no soy. Tengo clara la ubicación desde dónde me paro en el mundo.

camii-5-de-12-Desde los primeros mails que recibiste, ¿Ya lo tenías tan en claro?

-Sentía que era como un cuento de hadas. Pensá que yo era una persona que no tenía idea de que podía llegar a hacer lo que quería en la vida. Hasta el día de hoy estoy tratando de entender que me pasó algo muy bueno, y que es hacer lo que tengo ganas de hacer. No hay nada en lo que hago que no tenga ganas de hacer. Entonces todo lo vivía con sorpresa. Un día estaba trabajando con Rodrigo de la Serna, otro día con Luis Machín. Otro día me iba a México a un festival donde se paraba la gente y gritaba mi nombre. Al otro día otra cosa. Y así. A todo lo vivía con una inocencia pajuerana, porque soy del campo, y de hecho todavía me asombro con muchas cosas. Crecí en un pueblo. Entonces lo que me produce es asombro, nada más, ni un egotrip, ni un trauma, ni nada de eso.

-De chica, viviste en varios lugares.

-Me mudé muchísimas veces. Nací en la Falda, y después viví en Los Sauces, en Córdoba, en Cruz del Eje, en Villa Giardino, y en Mina Clavero, donde viví diez años.

Mina Clavero era horrible. Siempre fui una criatura interesada en cosas como el cine, y en ese pueblo, que estaba tocado por la ignorancia, era terrible e ilógico el modo en que se entendían las cosas. Yo era rebelde, contestadora; hoy me cago de risa de que en mis libretas de la escuela decía “excelente alumna, pero canaliza su energía”, “por favor no hable tanto en clase”, “es muy difícil dar clases con usted”. Todas eran notas al pie de la libreta, de ese tipo, diciéndome que era una persona muy inquieta, muy rebelde.

No había nada para ver ni para hacer en ese lugar.

-¿Creés que desde entonces la escuela cambió?

-Creo que todos han sabido hacer valer su voz. Y han descubierto que hablando se entiende la gente. Saben que si pasa algo malo, se puede contar, que era algo que no pasaba en mi época. Si un profesor te maltrataba, bueno, te la tenías que bancar, ¿qué ibas a hacer? Ahora es distinto. Todas las personas que hemos sido víctimas de algún tipo de violencia, hemos insistido en que las cosas tenían que cambiar, y han cambiado. O ha sido una evolución. También es hermoso pensar que hemos evolucionado como sociedad, yo creo que es así. Eso lo pone más bueno a todo.

-Canalizás mucho en Facebook.

-¡Es que tengo que tener público! Cambia mucho la cantidad de gente que va a verme al teatro, cuando yo publico algo, a cuando no publico.

-¿Por qué no tenés fanpage?

-¡No, porque es mucho eso ya! Una fanpage no. ¿Cómo voy a hacerme una fanpage? No hay manera.

-Lo decís como con vergüenza.

-No, no, no, no. ¡No hay manera! Fans no, fans no. No son buenos para nada.

-Pero tenés fans, aún en tu cuenta personal.

-Y sí, ¿qué voy a hacer? Me siguen. Cuando veo que es alguien muy boludo, lo saco. ¡¿Qué voy a hacer?! ¡Los tengo que aguantar! Algunos suben unas cosas de Cristo y cosas horribles, y me pregunto cómo esta persona llega a interesarse en mí, cómo una persona que razona así se fija en un personaje como yo. Y bueno, ahí los tengo.

-Igual, ahí está lo interesante, ¿no?

-Claro, ésa es la gente a la que vos le movés algo. Para bien o para mal, eso es indistinto. Puede ser algo muy productivo, o podés hacerle bosta la cabeza a una persona. Hoy me acordaba de una obra que fui a ver, del Paco [Giménez], que se llamaba Fiore di merda. Ahí conocí a Ana Magnani, que hoy es, para mí, una gran maestra del teatro. Yo la miro a ella, y aprendo un montón, viéndola. Entonces, eso a mí me aportó algo muy bueno, que mueve en mí un montón de cosas: sobre cómo me acerco a mi oficio o cómo resuelvo un personaje, cómo lo encaro.

En Carnes tolendas, pasaba que venía gente a pedirme disculpas porque habían hablado mal de una travesti en algún momento. Entonces pienso que cambia algo en las personas, lo que uno hace no es que pasa así nomás.

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La educación primaria

-Me llama la atención que el nombre de Carnes tolendas sea “Retrato escénico de UN travesti”.

-Es una ironía mía, así hablaba la gente en ese momento.

-Pero lo que llamamos “la gente” sigue hablando así, ¿no?

-Sí, siguen hablando así. Pero uno va haciendo el ranchito. Te juntás con un periodista, y el periodista aprende. Después con otra persona, y esa persona aprende. Vas a dar una charla a tal lugar, y alguien aprendió.

-Hoy, cuando se habla de la obra, muchos escriben “una travesti”.

-Cuando lo hicimos en el [Centro Cultural Ricardo] Rojas, nos pusieron una A de anarquista y dijimos “Bueno, no entendieron nada”. Pero más allá de eso, ¡la gente aprendió! No es algo que nosotras hayamos buscado.

-En un entrevista de años anteriores, hablaste del dolor de nunca poder ser mujer.

-Bueno, he crecido desde entonces. Debo haber dicho eso hace mucho, porque hoy ya no me significa ningún dolor no ser mujer. Me significa muchísima felicidad ser lo que soy.

-¿A qué le llamás ser mujer?

-A ser una mujer biológica. Una mujer que puede parir, que puede amamantar. Ésa es mi falta, eso es lo que tengo como una falta, pero ya dejó de serlo. Eso era antes, yo crecí y (y hace unos segundos de silencio) entendí de qué va la cosa, respecto a mi sexualidad.

-¿Pensás en hijos?

-Cuando estoy en pareja, y la cosa se pone íntima y se empieza a poner seria, sí. A veces hablo de eso y me dan ganas. Pero sólo en esos momentos, después no. Cuando estoy sola, así tranquila, no, para nada.

No es un objetivo de vida, decir “en algún momento quiero ser mamá”, no. Me interesa más otra cosa, encontrar con quién garchar toda la vida. Me interesa más eso que tener un hijo. No es un objetivo, para nada. Objetivos lindos son, bueno, poner un teatro, esas cosas sí son objetivos afectuosos y hermosos que tengo. Pero no, tener un hijo no. Es algo bueno que pasa en ese momento en que te juntás con alguien y de repente decís “mirá, capaz que está buenísimo”. Pero es en ese momento. Después no. Y si me pongo a pensar, en ese momento es un follón.

camii-4-de-12-Que pienses en hijos cuando estás en una pareja más sólida, ¿no es vivir el amor de una manera institucionalizada?

-No, es que empieza a aparecer la idea de familia, la idea de que esa persona es tu familia, entonces puede caber la posibilidad de que entre alguien más. Cada pareja es un mundo y tiene su sistema armado y es muy saludable que así sea. Pero no soy burguesa para nada, no tengo ese rollo.

-¿También pensás en una pareja que dure toda la vida?

-Cuando uno está en pareja, no piensa que ese amor se va a terminar. Porque pensar que se termina, es como estar pensando en que uno se va a morir. A veces aparece esto y aparece el miedo. Cuando uno está enamorado, piensa que es para siempre. No pienso  que pueda durar diez años, o que según algunas estadísticas el amor muere a los dos años. Esas cosas no las pienso.

-Parecés una persona que siente mucho, quizás más que todos nosotros.

-Soy muy emocional, muy sentidora. En algún momento me dolía, sentía dolor verdadero. Y ahora aprendí a ironizar determinadas cosas.

-¿Sentís que la lucha de las travestis está relegada en relación al avance en otros temas?

-Ya no estamos solas como antes, que estábamos realmente solas. Ahora hay un gran colectivo de marginados que, si se avivan y se unen, van a dejar de ser marginados, porque ya no van a ser una minoría, sino una mayoría. La minoría, en realidad, es el heterosexual medio. ¡Ésa es la gran minoría!

*

-¿Cuándo te entendiste con tus papás?

-Con Carnes tolendas hice algo así como la primaria, ponele. Ellos la vieron. Mi mamá la vio cuando empezó. Y mi papá la vio unos cuatro años después, y sangró. Le salió sangre de la nariz durante media hora y no se levantó en ningún momento para irse a secar o a buscar papel o algo para limpiarse. Creo que así maduramos.

Y la secundaria la estoy haciendo ahora.

Igual ahora sigo tratando de entender muchas cosas. No es que tengo todo resuelto ya, pero sí mucho. Y mi papá y mi mamá también. Han entendido muchísimas cosas. Mi viejo, de ser un homófobo, ahora es un gayfriendly, educa a sus amigos, les explica cómo son las cosas. Entonces yo creo que han entendido bastante. Y me han entendido más en determinadas cosas, por ejemplo que a mí no me tira la familia, ese tema de juntarse con mis primas, mis primos, nada de “¿Cómo no te vas a ver con tu hermano?”. Para mí, eso nunca fue una responsabilidad. Si yo no tenía vibra con las personas, por más que fuera mi papá, no tenía vibra y no lo podía disimular. Y ellos ahora han entendido por qué hacía eso y por qué lo sigo haciendo. Entonces no se meten con nada. Conocieron a mi pareja y lo amaban. Conocen a mis amigos. Conocen mucho de mí. No soy una persona ajena para ellos, como lo he sido.

-Entonces, al proceso que hicieron para entenderte en tu complejidad, cada uno de ellos lo hizo por su parte.

-Sí, me parece que sí. Mi mamá fue un poco más rápida, y a mi papá todo le costó un poco más.

-¿Qué fue lo que los hizo cambiar?

-Para mí fue que vieron que los únicos equivocados eran ellos, pensando tantas cosas sobre mí, cuando la gente decía “Esta chica es un talento, esta chica es una persona valiosa”. Entonces abrieron los ojos, supongo, y dijeron “Ah no, mirá, pensábamos que era cualquier cosa y terminó siendo otra”. Fue como un cachetazo, porque en Carnes tolendas yo hablaba mucho de mi papá y de mi mamá, y de cómo era mi familia, cómo éramos nosotros tres. Yo les he escrito cartas, les he dejado grabaciones diciéndoles cosas. Que me quieran. Les escribí poemas. Y no entendían. Pero cuando lo vieron en el teatro lo entendieron. Así de simple.

-En algún momento tu papá te dijo “Nadie te va a querer”. ¿El cachetazo fue ver que podías ser querida?

-Claro, debe haber sido un cachetazo, debe haber sido muy fuerte para ellos darse cuenta de que habían desestimado a una persona valiosa, sólo porque había decidido no ser un varón. Tan solo por eso.

-Decís que lo decidiste, ¿pero no es algo que estaba en vos?

-Sí, pero yo decidí ejercerlo. Yo podría haber sido una persona que vive en el closet toda su vida, como hay muchísima gente que decide vivir así. Yo decidí no quedarme adentro del closet.

-Desde muy chica.

-¡Era una criatura! Era una criatura y me manoseaba sólo con varones. Me gustaban los varones, me gustaba pintarme con las pinturas de mi mamá. Fue una decisión operativa.

-Pero al ser tan chica, en ese tiempo, ¿era una decisión o era lo que salía instintivamente de vos?

-Era una decisión, porque hubiera sido mucho más inteligente, por ejemplo, no travestirme en Mina Clavero. Hubiera sido mucho más estratégico. Hubiera pasado mucho mejor mis días viviendo en el closet. Y con mi papá, imaginate. Yo sabiendo eso, dije “No, igual lo voy a hacer”. Por eso te digo que fue una decisión operativa.

-¿Por qué te quedó ese recuerdo de Mina Clavero? ¿Qué pasó ahí?

-Ay… Todo, todo lo peor que le puede pasar a una criatura joven, que sin comerla ni beberla se mama todo el síntoma de una sociedad, bueno, todo eso me pasó. Me perseguían con piedras. Pasaba por la calle y me escupían. Me quemaban los vestidos en el boliche. Me echaban de los lugares. Me agredían en la calle. No podía salir tranquila sin que alguien me insultara, sin que alguien me dijera algo horrible.

Bueno, y cosas mucho peores.

Yo en ese momento me lo tomaba con naturalidad. Estaba como anestesiada. En Mina Clavero era muy fuerte porque era la única persona que había dicho “Yo soy distinta”. Igual eso no paró. Cuando me vine a Córdoba, pensando que todo iba a ser más fácil, no fue más fácil, para nada. Todo era más grande y más peligroso. Pero aún así, sabiendo todo eso, yo decidí hacer de mi vida lo que quería, de mi culo un hotel y de mi casa un florero. ¡No! ¡De mi casa un hotel y de mi culo un florero!

Aquellas cosas, sobre todo las que me pasaron en Mina Clavero, creo que me hicieron más inteligente, porque me hicieron pensarme mucho desde muy chica. No necesité que nadie me reafirme, ni reafirmarme en mi grupo de pares. Nada de eso. Pensé en mí desde muy pequeña. Primero porque soy hija de un padre alcohólico y de una madre que se equivocó, entonces mucho tiempo estuve sola, y supe sobrevivir perfectamente: me aprendí a cocinar a los ocho años. A esa edad ya me hacía mi merienda, mi desayuno. Nunca mi papá o mi mamá tuvieron que sentarse a explicarme una suma o una resta, yo era autosuficiente para todo. Incluso me hacía los disfraces para actuar en los actos escolares, a los diez años yo me los cosía a mano.

De la misma manera, el hecho de haber estado muy sola, me hizo muchas veces masticar y tragar muchas cosas, y en cada una de esas cosas yo aprendía algo, algo nuevo cada vez. Y eso nunca se detuvo.

Después sí, conseguí ayuda, supe ser astuta para encontrar amigos. Pero en esos momentos, de muchísima tristeza y soledad, yo aprendía. Aprendía un montón de todo, y podía expresarlo porque ya escribía. Entonces yo escribía, escribía, escribía, leía, leía, leía. Tenía un mundo interno que lamentablemente luego perdí, y que me hubiera gustado conservar.

camii-1-de-12-¿A manos de qué lo perdiste?

-De la internet, del chat. ¡A manos del Latinchat! (Risas)

Todas las horas que estoy en la computadora las podría dedicar a estar leyendo. Pero también se me cansa la vista, estoy grande ya.

-¿Superaste aquella soledad?

-Ahora. De a poco, ya de grande, bastante cuajada ya. Recién este último año que hice terapia, ahí subí varios niveles en la dignidad (risas). Creo que ahora soy una persona más digna, conmigo misma digo. De ya no pensar que no merezco determinadas cosas, de no pensar que tengo que sentir el dolor como me dijeron que me duela, esas cosas las he superado este último año.

-Me llamó la atención que en alguna entrevista contaste que a la primera función de Carnes toledas, fueron todos tus amigos, y que lloraron. Y dijiste que en ese momento habías sentido que cuando estabas sola, ellos no te habían acompañado como vos lo necesitabas.

-No, no es desde ese lugar el reclamo. Es más referido al silencio, a lo que se calló, a lo que nunca se dijo, a lo que nunca se habló, a lo que nunca se preguntó. A que nunca se llegó a esa instancia, de decir “¿Por qué venís cortada? ¿Por qué venís golpeada? ¿Por qué te pasan estas cosas? ¿Te estás prostituyendo? ¿Estás haciendo algo que no tenías que hacer? ¿Por qué te drogás? ¿Por qué tomás merca?”. Nunca pasó esa instancia. Era de mucho afecto, de mucha contención, porque era así y no puedo decir que no haya sido así, pero sobre ese otro mundo se calló todo. Era como que daba vergüenza. Y me daba vergüenza a mí también, ¿eh?

-Cuando ibas a la facultad, nadie sabía que vos a la noche te prostituías. ¿Dónde encontraste el afecto, en las otras chicas con las que trabajabas?

-En las otras chicas era un afecto especial, una manera de quererse que tenía que ver más con pertenecer a una comunidad, a un grupo. Y saber que estabas ahí y que no te iba a ayudar otra persona más que ésas que estaban ahí.

Era muy ilógico, además. Era algo muy loco de pensar, que era un grupo de travas y una mina embarazada ahí, laburando en el parque. Cuando vos te imaginás el mundo de la prostitución como algo solitario, de whiskería. Y éstas eran cinco descocadas que se cagaban de risa, que se pasaban los inviernos a petaca, petaca, petaca, petaca. Es una cosa muy maravillosa, como anécdota. Muy maravillosa. Realmente fue un regalo para mí haber estado ahí. Creo que me quedé para poder vivir esa vida que veía. Para mí no era traumático ser prostituta, para nada. Lo que era traumático era el maltrato. Pero ser prostituta y estar con esas minas ahí, no. Soy la única persona de mi generación que ha vivido eso. No conozco a mis pares, no hay manera de llegar a conocer una vida como puede ser la de una chica a esa edad, en ese parque, con esas amigas.

-¿Cómo llegaste ahí?

-¡Caminando! (Risas) Primero fui al mercado norte y me tuve que ir corriendo porque casi me hacen cagar. Son muy territoriales. Entonces me fui corriendo y pasé por la Cañada. Y las de la Cañada eran muy viejas. “Somos vampiros de la noche”, me decía una! Y no me gustaba la onda esa.

Y las había visto a éstas en el parque, entonces un día me acerqué y les pregunté si podía laburar ahí cerca. Y me dijeron que sí, y no sólo me dijeron que sí, sino que se hicieron amigas mías. ¡Me amaban además, me cuidaban como a una hija, como a una hermana, era todo así, de amor puro!

-¿Por qué las dejaste de ver?

-Todas dejamos de ir al parque. Empezamos a ausentarnos, como se suele decir, empezamos a faltar. Se estaban poniendo muy feas las cosas y habían empezado las obras de iluminación. Te repito: era un afecto muy primario, muy como el hecho de amamantar, era algo que pasaba ahí.

Después con algunas tuve más feeling que con otras, y se murieron, o se fueron a vivir a París, ¿entendés? Pasaron muchas cosas en el medio. Pero ese abandono del parque fue algo voluntario y colectivo, de todas. Empezamos a faltar y a faltar, y de repente no fuimos más. Y yo descubrí que en la pensión laburaba en el balcón y estaba mucho más cómoda, mucho más tranquila, estaba en mi casa.

Igualmente, yo las busqué. A algunas no las encontré; con una me crucé en Zen una vez y no me dio bola. Pero es que era algo muy especial, no se entiende desde la lógica de los afectos que uno conoce, de lo que puede ser un círculo de amigos y amigas. Era algo que estaba destinado que pase así. Ese alejamiento fue natural, pasó así. Sí podría yo haberlas buscado con mayor insistencia, y a algunas supongo que las hubiera encontrado, pero tampoco lo hice.

-A las que buscaste, ¿para qué las buscaste?

-Para invitarlas a que vayan a ver Carnes tolendas. A un par las tengo en Facebook, pero no hay mucho afecto ahora.

-En aquel momento, ¿pensabas en llegar hasta acá?

-No. No pensaba nada. Vivía lo que me pasaba, como me pasaba, con las posibilidades que tenía en ese momento. No estudiaba para tener una profesión, ni para tener un título, ni nada. Vivía así, y así estaba bien. Iba a la facultad porque tenía que ocupar mi cabeza, porque había venido a estudiar. Me gustaba, pude conocer amigos.

-¿Cómo te mantenías en ese momento?

-Prostituyéndome. Yo no laburaba todas las noches, no era una prostituta de tiempo completo. Igual que como hago ahora, no es que yo labure, labure y labure. Yo hago lo que me gusta. Entonces cuando no tenía guita, salía y la buscaba. Tenía guita de nuevo, me guardaba. Me quedaba sin guita, iba y laburaba. A veces había momentos en los que no tenía ganas de prostituirme, y me aguantaba sin guita un mes.

-¿Quién es el cliente?

-Una persona necesitada de amor. Como una. Una persona de muchísima necesidad afectiva. Es afecto puro lo que se pide. Se piensa que es sexo, que es algo en lo que uno no involucra nada, pero es una falta enorme de muchísimas cosas. Y yo creo que es falta de amor. Incluso el que lo hace de manera ignorante, cumpliendo con la norma de que hay que ir de putas, ponele, está teniendo una falta enorme una persona que cree eso. Es alguien que sufre un enorme desamparo, alguien que tiene que experimentar verdaderamente algo muy triste, para pagar por sexo.

-¿Todas ustedes entendían eso?

-Sí, yo creo que hay algunas incluso que lo entienden mejor. Yo siento que soy piadosa. Hay otras que lo entienden de una.

-Y vendían eso.

-Sí. También dependía de la onda, del día, del cliente. A veces pasaba algo maravilloso con un cliente.

-¿Tuviste clientes a los que veías regularmente?

-Sí. Tenía clientes fijos. No eran relaciones amorosas. O si lo eran, no llegaban a nada, sucedían en ese momento nomás. Pero sí, he tenido enamorados. Todas esas cosas las he vivido.

-En uno de los poemas de La novia de Sandro decís que podés acceder a la bragueta de un hombre pero no a su corazón, ¿seguís pensando eso?

-Sí. Sí lo pienso. Pero eso es algo que nos pasa a todos. Yo pensaba que era sólo para las travas. Que los tipos sólo tienen miedo a una relación con una trans, pero las personas están absolutamente panicosas de tener relaciones íntimas con cualquiera: minas con minas, minas con vagos, vagos con minas, vagos con trans, trans con minas. ¡Todas las relaciones involucran un miedo que parece que te lo ponen con la vacuna cuando sos chica! No sé qué pasa que todas las personas viven cagadas, que maltratan a los que quieren, que hacen lo imposible para que el otro se ofenda. No es sólo con las trans, le pasa a todos.

-También dijiste en alguna entrevista que, si bien tuviste relaciones amorosas, nunca nada en público.

-Sí, pero ya las he tenido a todas. Ya he salido a tomar café, he conocido a los padres de mis parejas, he vivido todas esas otras cosas que hasta el momento en que dije eso no me habían pasado. Yo creo que en ese sentido las cosas están cambiando, es un proceso. Más allá de que estos pibes con los que yo he salido son más abiertos, también a nivel social han habido muchísimos planteos. No ha sido algo algo fácil de llevar, pero también se habla. Yo hablo de eso. Otra mina hablará de sus fobias, otra hablará de su violación, otra hablará de su vida con su pareja. Cada uno habla de un tema distinto, éste es mi tema, el de ser trans, es el tema con el que algunos chabones tienen que lidiar, aprender, qué sé yo.

-Tengo la sensación de que superaste el sufrimiento.

-¡Sí, estoy superadísima! (Risas)

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La vida en paz

-El sufrimiento fue una materia prima en tu trabajo. Parece que vas saliendo de ese lugar.

-Sí. Lo que pasa es que lo que pasó, pasó de verdad. Fue concreto y real, y está ahí como un cuerpo que me va a doler siempre. Yo fijé determinados sentidos que ahora me quedan chicos porque he madurado. Crecí pensando que mi papá no me amaba, que mi papá no me quería, que me odiaba. Y en la terapia descubrí que no, que lo que sentía eran otras cosas: eran celos porque mi vieja lo apartaba para castigarlo por lo que hacía, entonces lo apartaba de nuestra relación, y él era una persona que boyaba alrededor de lo que nosotras habíamos construido. Entonces cuando crecí me di cuenta de que ese desamor que yo sentía no era desamor para mí, era desamor entre ellos. Esos sentidos que yo fijé, ahora no me sirven, por eso ahora ya no me duele tanto. Y después, otra cosa que descubrí es que todo eso que me pasó, ahora no me va a pasar. Me pueden pasar cosas nuevas, pero eso que me pasó, ya no. Ni la discriminación, ni la soledad, ni la falta de guita. Todas las cosas que me pasaron en ese período de mi vida ya no me van a pasar, entonces estoy viviendo de otra manera.

-¿Qué te genera eso?

-Liberación. Liviandad.

-Te cambia el cristal con el que ves la vida.

-Y con el que ves a los otros también. Yo era una persona muy susceptible, que pensaba que el daño era para mí, era contra mí, que todo era contra mí. Y pude entender que no, que hay muchísimas cosas que se dan por miedo, que hay muchísimas cosas que son por ignorancia, que así como puede ser conmigo puede ser con cualquiera.

camii-3-de-12-¿En qué cosas, alguien que discrimina, es víctima de la ideología de nuestra sociedad, y hasta qué punto es victimario?

-Que sea una víctima no es antagónico a que sea un victimario. Todos dañamos y nos hacen daño por igual. Una cosa no quita la otra. Somos todos víctimas del sistema. Hasta el más horrible asesino que entra a un aeropuerto y quema a otras personas, es una víctima. Y hasta que no podamos ver eso, mientras sólo pensemos que son victimarios, y que no está por detrás de todo esta falta enorme de amor que te digo, esta enorme carencia afectiva que tiene la humanidad -que no es de ahora, sino que es desde siempre-, no vamos a poder solucionar nada.

-En la discusión social, me pregunto hasta qué punto uno debe convencer al otro, y hasta qué punto se lo abandona con su creencia, que uno cree equivocada.

-No es responsabilidad tuya, ni mía. Por eso yo no creo en eso que dicen que yo sea referente de nada. No es mi responsabilidad. Yo hago lo que puedo, hasta dónde me da el cuero, y cada uno hace lo mismo. Porque hay que ir en contra de algo que está arraigado de una manera muy fuerte. No hay manera de ir en contra de eso. Como ya no se puede, y el mundo se va a acabar muy pronto, hay que tratar de vivir lo más tranquilo posible. Mantenerse al margen de esas cosas. Saber mantener lejos a las personas que te maltratan, no dejarte maltratar. Bueno, con eso ya tenés para una linda vida, me parece.

-Me cuesta mucho creerte estas últimas palabras, vos construiste tu vida de otra manera.

-Pero estoy tranquila. Ahora y antes también estaba tranquila. Todas las cosas malas que me hicieron, todo lo que yo puedo ahora reclamar, lo reclamo porque es necesario que se sepa, que se sepa que también somos capaces de hacer esas cosas.

-Digo, vos no buscás una vida apacible.

-¡Sí! Mirá, yo me levanto a las siete de la mañana, abro los ojos sola, no pongo despertador. Me levanto, me traigo la compu, la prendo, me hago unos mates, me hago unos huevos revueltos con jamón, me siento frente a la computadora con un café, leo las noticias, riego las plantas, y ando, qué sé yo. Si tengo que hacer alguna nota, me pongo espléndida. Me voy en bicicleta a todos lados, salgo a trotar, tengo una vida que no te imaginás lo pacífica que es!

-Pero tu obra es disruptiva, y es parte de tu vida. Carnes tolendas, ocupó un lugar en la discusión sobre género y sobre la realidad de lxs trans en Argentina, que me recuerda la frase de Baldessari, sobre estar en el lugar y en el momento correctos. Y por otro lado, cuando hablamos de la obra en su incidencia social, más allá del hecho artístico, hay una militancia ahí.

-Sí, pero en el sentido de que todo hecho es político. Y bueno, ¡eso lo dice la política! Pero entenderlo en términos políticos es una manera. Otra manera es entenderlo en términos culturales, y es mucho más rico, más interesante, porque si vos lo pensás en términos políticos, ves a una persona que luchó por sus derechos, dejó la prostitución, bla, bla, bla. Y eso la gente no lo sabía, lo supo muchos años después. Entonces, si lo pensás en términos culturales decís “Mirá, apareció una trava, que salió de no sé dónde e hizo una obra en la que la mina hace de todo, que hace un montón de personajes, andá a verla, boludo, capaz que te gusta”. Vos lo ves desde ese lugar y es mucho más interesante.

Hago la distinción porque pensar todo como político es una forma. Y pensarlo desde otro lugar te puede dar eso de descubrir algo que no estabas viendo. Hay cosas que necesitan entenderse culturalmente, no políticamente. Fue algo cultural, que pasó en Córdoba. Fue que, de repente, ocupé un lugar que además no lo estaba ocupando ni una mina ni un chabón. O sea que no es que sólo ocupé un lugar como trans. ¡No! Ocupé un lugar. Un lugar en la cultura. Y muchísima gente me dice “Empecé a escuchar jazz desde que vos publicabas esa música en el Facebook”, y sin dudas escuchar jazz te provoca determinadas cosas que escuchar Shakira no te provoca. Entonces, ves que empieza a pasar algo que es cultural, que no es político, y que tiene que ver con las emociones. ¡Que es infalible, además! Porque vos lo podés asentar en la cabeza de una persona, lo podés poner en términos de conocimiento puro y constatable. Y también lo podés poner en el sitio de las emociones, y eso es como si corriera por sangre. Por más que no lo entiendas, hay algo en vos que sucedió.

-Parte de tu obra en teatro involucra papeles de travesti, y tu participaciones en el cine y en la televisión también, e igual renegás de tu lugar de referente trans.

-En teatro hice de Billie Holiday, hice de Tita Merello, de Frida Kahlo. En El bello indiferente hice de una mina sin género. En cine y televisión sí es verdad, pero a esos trabajos no los escribo yo. Ésos los escribe una persona y yo los acepto.

-Pero el cine y la televisión, donde siempre has encarnado este tipo de papeles, tienen un alcance, que si no es mayor, sí es diferente.

-Más allá de que tengo un criterio, y que no voy a hacer cualquier cosa, yo ahí ofrezco mis servicios como actriz. Ahí no estoy militando, no es que en ese momento me pongo la camiseta del personaje, ni en La viuda de Rafael ni en Mía. Nada de eso. Yo ahí ofrezco mi oficio como actriz. En las cosas que yo hago, que yo escribo, ahí sí. En algunas de mis cosas me puedo hacer cargo de una militancia cultural y estética, nada más. Pero de las cosas que hice para otras personas, bueno, no me voy a hacer cargo, porque yo no milité ahí, yo actué y trabajé como actriz.

-Sin embargo, en La viuda de Rafael y en Mía hay, en los dos casos, una incidencia social. Y sos parte de esas obras, y parte central.

-Pero es porque los planetas se alinean y eligen a una persona que provoca ese tipo de cosas en el público, y les sirve a ellos. Javi [Javier Van de Couter, director y guionista de Mía], cuando escribió Mía, tampoco se comió que estaba haciendo algo político. Lejos de eso. Era su mambo en ese momento y él tenía ganas de contar eso.

A ver, había un gran movimiento. El trailer lo estrenamos en la marcha del orgullo gay en Buenos Aires en el 2011, frente a cuarenta mil putos, travas, tortas, familias, gente que veía desde los edificios ese trailer. Pero eso fue algo posterior a la obra, y eso nunca se puede saber, es algo que pasa después. Que la gente se agarra y se apropia de la obra, y dice “Esto también me representa políticamente a mí, por tal cosa”. Pero eso es después. Y es de la gente.

-En el caso de La viuda de Rafael es aún más patente, porque trabaja todavía con más estereotipos.

-Pero yo peleaba con las productoras porque me querían poner extensiones, por ejemplo. Les decía “Pero esto es inmundo, esto queda horrible, no me gusta esto”. Yo tenía el pelo carré en ese momento, y me querían poner extensiones. Me dijeron “Capaz que vos empezaste a travestirte con el pelo corto, y a medida que te fuiste haciendo más mujer te dejaste el pelo largo”,  y yo les decía “¡Pero las mujeres más interesantes de la historia han tenido el pelo corto!”.

Así era, entonces no, no se puede pensar que el arte sea político antes de nacer, que un artista sólo es político. A la gente le conviene, y lo toma así. Pero no es así siempre.

-¿Cómo te llevás con eso de que la gente lo tome así?

-Ni me hago cargo. Nada. Los kirchneristas me agarran como que soy kirchnerista, los macristas como que soy macrista, porque no entienden que una persona pueda ser independiente.

-Después de lo que te pasó a vos, ¿creés que el ser humano es bueno?

-Sí. Creo el ser humano tiene una capacidad de amar infinita.

-Antes me dijiste que la humanidad tiene una carencia afectiva.

-Es lo que intentan hacer estas reglas en las que nos desenvolvemos, anular ese espacio afectivo. Entonces uno niega afecto, instintivamente ya, para sobrevivir. Hay gente que dice “No te enamores, los hombres te van a hacer sufrir”, o “No quieras tanto a ese chico, no lo tengas tanto en brazos que lo vas a hacer estúpido”, o “No hable, no se exprese, no hable tanto en clases”. Bueno, todo eso forma parte de esa otra batalla que liberan las personas, y que tiene que ver con reprimir constantemente la capacidad de afectarnos. Entonces nos criamos así, con tus viejos que no te quieren, que te ignoran, que te dejan por la tuya, o creen que te están queriendo pero en realidad te están haciendo un daño bárbaro, que transfieren sobre vos muchísimo resentimiento que tienen, porque si nosotros los treintañeros la pasamos mal, imaginate nuestros viejos, nacer en los ‘50, con eso de “Marche derecho, sea correcto, haga tal cosa, derechito a la casa, de la casa al trabajo, del trabajo a la casa”. “No te rasques en público”, ¡mirá hasta dónde llega!

-Ya que estamos conversando sobre el amor y sobre la bondad de la humanidad, ¿vos creés en algo, en algún tipo de dios o energía, en algo después de la muerte?

-Creo, o me gusta creer, en los duendes del teatro. El duende era algo que Lorca decía, que bajaba o no bajaba, que el teatro pasaba o no pasaba. Yo creo en eso, en que pasa o no pasa. Uno le pone un nombre, ¿no?

Después sí, creo en la Difunta Correa, en la Virgen del Valle, pero porque son parte de cosas buenas de mi vida, entonces decirte “Creo” es decirte que son la representación física de algo bueno en mi vida. Por ejemplo, tres meses antes de estrenar Carnes tolendas, mi mamá fue a pedirle a la Difunta Correa por trabajo para mí, porque yo estaba en cualquiera. Y tres meses después estrené Carnes tolendas. Es una locura que haya coincidido. Entonces, para mí, la Difunta Correa es eso bueno que me pasó en ese momento de mi vida. Como la Virgen del Valle, por ejemplo. Los duendes del teatro son algo bueno que me pasa cuando sucede esa comunicación con el público que te decía antes, que está todo el mundo atento a vos, y a lo que tenés para decir.

Y también creo en las buenas acciones. Como una idea budista de que las buenas acciones provocan buenas acciones.

-¿Y en algún tipo de dios?

-No, no puedo pensar en eso.

-¿Hay algo más allá de la materialidad?

-Sí, pero es la espiritualidad de cada uno. No tiene que ver con dios. Son millones de espíritus. Estamos en este mundo material, y hay algo alrededor, que sucede, y que es nuestro, y que a veces pasa con el otro y nos conectamos. Nos conectamos a través de la carne, a través de las maneras que hemos aprendido para comunicarnos en este plano que es material. De la misma manera pasa algo acá arriba, que hace que las personas se conecten de esa manera. Pero es algo de cada uno.

-¿La Difunta Correa no te hubiese ayudado si tu mamá no iba y le pedía?

-No, en ese sentido soy escéptica. No tuvo que ver con el pedido. Tuvo que ver con que pasó. Pasó que me cambió la vida, pero eso no es obra ni de la Difunta Correa ni de mi mamá ni de mi tesón por el salir adelante. Yo no tenía la más mínima intención de salir adelante de nada, porque para mí yo no estaba atrás de nada, yo estaba donde estaba. Entonces tuve un golpe de suerte y todo cambió. Coincidió hermosamente que sea así, que mi mamá justo antes haya ido, y uno puede tener una razón para decir que pasó porque fue un acto de amor y de fe de mi mamá. Pero como yo no creo en eso, creo que las cosas pasan o dejan de pasar, que es mucho más azaroso y menos consabido, lo único que hago es tomar ese hecho que fue hermoso, que aunque ella no lo supo encarar, y capaz hubiera sido mejor decirme “Che hija, ¿qué estás haciendo? ¿qué está pasando? ¿qué necesitás?”, lo hizo así, lo expresó así. Mi mamá no estaba tan ciega, no estaba tan alejada de mí, y podía intuir que algo me pasaba.

cami-12-de-24


La amplitud de conciencia

-Alguna vez dijiste que para la sociedad el lugar de una travesti es ser prostituta en una pensión; y las estadísticas te dan la razón, para la inmensa mayoría de las mujeres trans es imposible salir de la prostitución. ¿Por qué vos, de entre tantas chicas trans, lograste superar la realidad que vivías? ¿Qué hubo de diferente?

-Fue suerte. Es así como te digo, estrené esa obra [Carnes tolendas] y gustó, y yo no tuve que volver más a cobrar por sexo. Así de simple. Yo no luché ni un poco, yo estaba ahí, resistía, me las aguantaba, vivía como vivía y hacía lo que hacía.

-Las otras chicas que trabajaban con vos, ¿qué no hacían ellas que sí hiciste vos?

-Leer.

-Hasta ahora, lo único que estoy viendo de distinto en vos es algo innato, es el talento, esa búsqueda desde muy chica. Me resulta difícil pensar cómo las otras podrían salir de ese círculo.

-El otro día volví a ver ese video donde Lohana Berkins decía que el conocimiento es la herramienta más grande que tiene una persona para cambiar. Bueno, Marx hablaba de la conciencia de clases. Los griegos decían esto de “Conócete a ti mismo”. Bueno, eso me pasó a mí. Pero no fue por talento tampoco, fue porque estaba sola verdaderamente. Entonces me hice un mundo, a los cinco aprendí sola a leer. Un día mi mamá, mientras lavaba los platos, me escuchó leer y me dijo “¿Qué estás haciendo? ¡¿Estás leyendo?!”. Entonces me mira y yo tenía una Biblia de los niños, y me pregunta “A ver, ¿qué dice acá?”, y se lo leí y dijo “¡No! ¡Estás leyendo!”. A los cinco años, era todo un acontecimiento. ¡Era como Sarmiento! Fue algo que hice así sin más. A las seis años mi mamá me compró cuatro libros: Colmillo blanco, Bajo las lilas, Jerry de las islas y El Libro de la selva. Entonces yo crecí leyendo y ocupando todo ese vacío que tenía -que pensaba que mi papá y mi mamá no me querían- leyendo. Prendió en mí ese vicio, y después seguí así, toda mi vida. Fue una de las mejores herramientas que tuve, y que lamentablemente las otras chicas no la tenían.

-Vos además de trabajar como prostituta, estudiabas Comunicación Social e ibas al Departamento de Teatro. Las otras chicas que trabajaban con vos, ¿hacían otras cosas además?

-No. Pero tenían una vida por supuesto, algunas tenían marido o pareja, unas vivían con sus padres, y simplemente su trabajo era ése, se prostituían. Pero era un trabajo, y siempre supimos que era un trabajo. Nunca fue una obligación. Como ahora, hacer una entrevista para mí también es un trabajo, y en ese momento el trabajo era ser prostituta.

-Desde tu lugar de provocación, veo una dualidad. Por un lado, construís la provocación desde un lugar en el que se te ve muy fuerte. Y por otro lado, se siente la fragilidad, que todavía el mundo puede hacerte mal.

-Sí, pero a todos nos puede hacer mal. Y una cosa no quita la otra. El Che Guevara decía algo así como que había que endurecerse sin perder la ternura. Es una frase que dicen que es del Che, y andá a saber si la dijo.

-¿Dónde todavía el mundo puede hacerte mal, particularmente a vos?

-Bueno, pueden matar a alguien que quiero. Me pueden violar, secuestrar o torturar, no sé, me pueden hacer muchos males como a cualquiera. Pero particularmente a mí, no creo que nadie tenga el poder de herirme. No sé si estoy indestructible, pero lo que sí sé es que todo es superable, que ningún daño es para siempre. Es lo más breve que existe en realidad, lo que cuesta es superarlo, porque ahí uno se encierra y puede construir sentidos equivocados. Ahora maduré, y creo que ni siquiera un amor ya podría hacerme tanto mal.

-¿Sos consciente de tu amplitud de conciencia?

-Soy consciente de que no soy ni siquiera el diez por ciento de lo abierta que podría ser. De lo expandida que puedo llegar a estar. Sé que estoy en un umbral mínimo. Supongo que cuando envejezca, me voy a ir pareciendo cada vez más a cierta idea que tengo sobre la manera de comprender el mundo. También porque las personas no le dedicamos todo el tiempo que le podríamos dedicar a abrir la cabeza, por la vida que llevamos y el trabajo. Los que pueden hacer eso son los monjes, esa gente que se encierra y que no habla durante veinte años, y que todo es pensamiento.

-Tu sistema de defensa tiene como pilar a tu inteligencia, a tu capacidad de comprender las cosas.

-Más que la inteligencia, es la voluntad de trabajar. La voluntad de pensar y de repensar y de trabajar y de hacer. Ahí reside mi talento, en que soy muy trabajadora. No es sólo inteligencia, es un trabajo que puede hacer cualquiera, lo que pasa es que atemoriza. Como a mí me tocó hacerlo desde chica, porque me tocó ser así, fue más natural.

-¿Hay una voluntad consciente de expandir tu cabeza?

-Sí, eso sí. Leo, leo, leo, leo, leo y leo. No dejo de leer.

También veo cosas que me gustan, voy a los museos. Si me entero de que está pasando algo interesante, asisto a eso.

-Pero más allá del conocimiento enciclopédico que vos incorporás, creo que trabajás también en el dispositivo que procesa esa información.

-No. Creo que cualquier persona que lee, llega más o menos a las mismas conclusiones a las que llego yo.

-Se les desarrolla la cabeza de la misma manera.

-¡Pero claro! Mirá, cuando mis otros compañeros salían a bailar y a joder de noche, yo me encerraba en mi pieza a ver Vulnerables; o antes, alrededor de mis doce años, me ponía a ver por ATC [canal estatal de televisión, hoy llamado Televisión Pública] las películas europeas. Yo era un personaje, la gente se sorprendía un poco. Por ejemplo, vendía helados, entonces me iba a la costanera del río y les ofrecía helados a los que estaban ahí, y se quedaban encantados porque además yo era un gordito muy personaje que les citaba, no sé, a García Márquez. Entonces la gente se quedaba alelada, decían “¡Mirá este personaje satánico!”, y era satánico realmente. Hablaba con muchísima altura, imaginate que yo supe siempre que era homosexual, no tuve ni siquiera que ir a un diccionario. Me volaba la cabeza.

-¿Y ya desde muy chica te dabas cuenta de que eso era disruptivo?

-¡Claro! ¡Yo me daba cuenta porque estaba sola! Porque me daba cuenta de que no enganchaba.

Por otro lado, siempre gocé de la preferencia, todos los profesores me preferían porque era muy buena alumna. Era tan inteligente en ese sentido, que tenía muchos vínculos con personas adultas. De hecho, una de mis grandes amistades de toda la vida fue Elba, que era una señora de sesenta y pico de años. Había algo del mundo que yo lo había superado, lo había salteado. A los ocho años se murió de leucemia mi mejor amiga. Muchas cosas las entendí de pequeña. Nadie me tuvo que contar a mí que los milicos habían hecho desastres, porque yo había leído De amor y de sombras, ponele a los once años. Esa novela, con esa pareja que se tiene que ir de Chile porque los perseguían, me hacía entender que había algo ahí que no estaba bien. Tampoco nunca nadie tuvo que contarme cómo se hacen los bebés porque yo ya lo había visto, lo había leído, lo había entendido. Además, somos una generación que se tuvo que adaptar a lo digital, y eso ya era un acto muy grande de inteligencia: cómo procurarte vos lo que a vos te gustaba, lo que te generaba placer o satisfacción. Para mí era la literatura, para otro era jugar al básquet, pero todos tuvimos que acceder de alguna manera a eso. Y la inteligencia esa ahora se ha perdido. Entonces, para la generación más nueva, yo parezco una persona inteligente, pero es nada más que me tuve que adaptar a esto, ellos ya nacieron con esto así.

camii-7-de-12-Eras bien recibida por el mundo, ¿hasta que…? ¿En qué momento el mundo dejó de bien recibirte?

-No, es que era paralelo. Yo me daba cuenta de que me bien recibían los adultos, pero que mis compañeros no me querían. Era algo que vivía de dos maneras.

-¿Cómo te llevás con el hecho de vivir en un mundo donde perdimos?

-Me divierte mucho. La batalla contra la ignorancia es muy divertida. Incluso cuando sabés que de antemano vos ganaste, porque sabés que sos una persona tolerante y el otro no lo es. Pero también me causa horror. Me causa horror, incluso, que las buenas intenciones siempre terminen para la mierda. Eso me parece tremendo.

-¿Por qué creés que la mayoría de las personas consumen lo que consideramos mala televisión o mala música? ¿Por qué lo que consideramos buena música, buen cine o buena literatura, pareciera que por alguna ley natural fuese para pocos?

-Bueno, pero eso es lo que uno piensa. También nosotros tenemos que saber comunicar que tal cosa es buena música o buena literatura. Evidentemente los medios saben comunicar mejor que nosotros qué cosa consumir. Además, los artistas son egoístas, crípticos, irreales, es “mi mambo”, “mi cosa”. Pero mirá los Beatles. Billie Holiday fue una cantante popular, que salvo Strange Fruit, nunca cantó una canción como las de Spinetta, ponele. Jamás. Cantaba “te amo”, “me amás”, “me dejás”, “lloro”, “veo la luna”, “llueve y te extraño”, “necesito tu cariño”. No cantaba más que eso, y sin embargo mirá el movimiento cultural que había alrededor de ella. Hay algo que tiene que ver con la comunicación, que es como si nosotros hubiéramos abandonado por cansancio, así “Bueno, ya está, listo, que gane Tinelli”.

Es como la Matrix. ¿Viste que en la película, ellos se adaptan a la Matrix? Entran, salen, usan los recursos de la Matrix. Así, lo mismo hay que hacer. Hay que hablar el mismo idioma, para que se entienda.

-En algún momento, algún integrante del jurado de un premio local de teatro, te criticó diciendo que tus actores hablaban mal.

-¡Qué horror! ¿Ves? El artista también es así: cuadrado, malo, hiriente. Y cuando hay algo que no puede comprender, lo pone en el plano de lo que está mal. En vez de comprender lo que está pasando. ¡Mis actores no hablan mal! Mis actores hablan como se habla en la calle, que es diferente. “Yo, en la villa” [imposta la voz con un tono neutro y “correcto”], bueno, se ve que vamos a villas distintas, porque yo voy a la villa y en la villa no se entiende un choto lo que se dice.

-¿Qué pensamientos tenías en la cabeza antes de todo esto?

-¡Comida! Siempre ha sido la comida. Estoy pensando las veinticuatro horas qué voy a comer. Me levanto a la mañana y digo “¿Qué voy a comer hoy?”.

En aquel tiempo salía con un pibe, mi primer gran amor. Pensaba muchísimo en él. También pensaba en el teatro. Pienso en el teatro constantemente.

-¿Pensabas cuándo podrías vivir del teatro?

-No, no, no. Pensaba en que tenía que hacer un trabajo práctico para la facu, que tenía que juntarme con alguien a hacer tal cosa, que qué podía hacer. Así pensaba y así pienso todavía. Nunca pensé ni que podía vivir de la comunicación social ni que podía vivir del teatro. Siempre pensé que podía vivir de la prostitución.

No quiere decir que yo no haya soñado con ser una persona glamorosa y tener una vida un tanto novelesca. Si lo tuviera que decir de algún modo, siempre pensaba en que podía llegar a vivir de la escritura. Porque era una cosa casi anónima, ¿se entiende? De hecho, muchísimas veces busqué trabajo como correctora, en el diario y en las editoriales, y no, no me los daban. Como cuando buscaba laburo en un call center, que era decir “Bueno, nadie tiene que saber que yo soy trans en ese lugar”, porque así a nadie le va a joder. Entonces iba, y si me rechazaban, sabía que era porque soy trans. Mi explicación era esa. Y volvía a mi casa.

Como cuando te decía recién que cuando necesitaba dinero, salía y yiraba. Cuando no necesitaba dinero, estaba en mi casa. En ese sentido, fui un espíritu muy libre. Tengo un instinto práctico para esas cosas. Sé que tengo que tener determinado dinero a fin de mes para pagar el alquiler y las cosas que necesito, y más que eso no busco. Cuando necesito más dinero, laburo más. Así vivía. No tengo una inteligencia a futuro.

-¿Te imaginás vieja?

-Sí. ¿Y sabés qué? Me lo han empezado a decir ahora a eso, que voy a ser longeva. Todo el mundo me dice que voy a morir muy vieja. Me causa mucha gracia igual.

-Y te aleja de la estadística. La expectativa de vida de una trans está alrededor de los 32 años.

-Bueno, ¡la superé!

-¿Creés que tu obra ejerce un papel para que eso cambie?

-Sí, creo que a la gente le hace bien.

-¿Las demás travestis reconocen esto?

-Algunas sí. A veces pienso que podrían venir más al teatro, enterarse más de esto que está pasando. Sobre todo a las que están organizadas, como las que están en ATTA [Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina]. A veces pienso que podrían estar un poquito más interesadas en esto. Porque se sigue pensando que todo es político, y decís “Ah, mirá, pero esta mina está trabajando desde la cultura, no está trabajando desde una secretaría”. Entonces, prestar atención de esa manera a los vectores de cambio de una sociedad. Como por ejemplo, La Garganta Poderosa, que se la interpreta toda como si fuera una cosa puramente política. Y por supuesto que tienen una organización, pero los locos también se juntan a tomar mate con los vecinos.

-Más allá de porque el mundo es muy cuadrado, ¿por qué es tan difícil conseguir trabajo para ustedes?

-Primero porque no estamos preparadas para ingresar al sistema tal y como está ahora. Hablo de una gran masa, por supuesto que en el medio hay un montón de chicas que sí, que se están preparando. Pero lo primero que tenemos que hacer es prepararnos. Yo me bancaba ir a la facultad, tener en la libreta mi nombre de varón y que haya profesores que me trataran de varón. Yo me la bancaba como una duquesa. Pero sabía que de ahí iba a sacar algo bueno, entonces me la fumaba. Capaz que otras chicas no tenían ganas de ir a la universidad y que las trataran de chabones, ni de ir a un trabajo y que las trataran de chabones. Entonces hacían algo, que era prostituirse, donde ellas siempre eran tratadas como lo que eran, como travestis. Y ahí no cabía ninguna duda, se si vos eras chabón, si eras mina. No, ahí eras un deseo. Nada más. Y estaba bueno eso. Me parece que ellas han sido prudentes, porque la discriminación causa muchísimo dolor. Es muy doloroso, muy traumático, te hace daño. Te causa un dolor muy grande ser discriminada así. Y ese dolor después puede salir de diversas maneras. Puede salir con agresividad, puede salir con arte, puede salir con trabajo.

-¿Cuál es la incidencia de tu condición sexual en tu trabajo como actriz?

-Me abrió todas las puertas. Igual, antes de hacerme conocida, me presenté a un concurso para la Secretaría de Cultura, y yo pedía que me dejaran participar con las chicas y no me dejaron. Ahí me jugó en contra, claro. Pero después cuando hice Carnes tolendas, ya todo lo demás fue siempre a favor. Porque soy única también.

-¿Los mismos que te cerraron puertas, te las abrieron después?

-Capaz que sí. No me acuerdo quiénes eran los que en aquel momento organizaban ese premio de la Secretaría de Cultura.

Hace poco me junté a hacer una nota con la Molinari [Beatriz Molinari, periodista especializada en Teatro, que escribe regularmente en el diario La Voz del Interior] en el Palacio Ferreyra [Hoy Museo Superior de Bellas Artes Evita], y el fotógrafo me contó que la primera vez que me hicieron una nota, ahí en ese mismo lugar, para un programa de tele en el que él también sacaba fotos, les habían hecho un lío tremendo porque me habían citado ahí, diciendo que “ahí no podían entrevistar a ninguna travesti”. Pero ahora llegaba y todos “Ay Cami, qué orgullo, te admiramos”, que no sé qué y no sé cuánto. No sé si serán los mismos, capaz que sí, capaz que no, qué sé yo. ¡Ojalá que sean los mismos!

cami-17-de-24


El teatro

-Ya que me nombrás a Beatriz Molinari, ¿qué importancia le das a la crítica, a los jurados?

-No le doy la misma importancia a la crítica de La Voz del Interior que a la crítica de un medio menos masivo, en el sentido de que una mala crítica en La Voz del Interior puede hacer que mucha gente decida no ver la obra y quedarse en su casa. Por ejemplo, la primer crítica que me hicieron en La Voz decía algo así como “Un pecado: No verla. Una virtud: la actriz”. Y la gente veía la nota en el diario e iba. De todas maneras, si me hacen una mala crítica, también sé que eso depende de la periodista que fue a ver la obra, de cómo estaba ese día o de qué pretendía ver la periodista. Así que al final de todo, no le doy importancia.

De mi trabajo como actriz siempre se habla bien, nunca se ha dicho que soy mala actriz o que estoy mal en el personaje. Sí pueden llegar a decir que la temática no es interesante, o algo en relación a la puesta. De Llórame un río, por ejemplo, no hablaron mal de mi trabajo, pero sí del trabajo de dirección. Y bueno, también una es parte de eso.

camii-8-de-12-¿Qué buscás de los actores con los que trabajás?

-Que no sobreactúen. Que no griten. Que sean animales bien emocionales, que hagan partituras emocionales. No me importan esos actores que solamente entrenan en lo físico. Me gusta que les pase por dentro y que sean muy atrevidos. Que improvisen, que yo no tenga que seducir a nadie para decirle “Mirá, te tenés que sacar la ropa y quedarte en tetas” o “Tenés que tomarte tres rayas de merca acá porque tenés que hacer tal cosa”. No. Si tengo que hacer eso, prefiero trabajar sola, que sé que no tengo ningún límite con nada.

Me gusta que sean parecidos a mí. Ésa es la verdad.

-¿Desde lo emocional?

-Desde todo. Desde mi registro para actuar, por ejemplo, que es muy acotado pero es muy bueno. No soy como otras actrices que pueden hacer de todo, que pueden hacer cualquier cosa, no, soy bastante acotada en ese sentido. Pero en lo que soy acotada, soy muy buena.

-¿Es una decisión quedarte ahí?

-No, pero todavía tengo mucha tela para cortar acá. No es algo que terminé o que está cerrado. Aún tengo muchísimo por ahondar.

-En la relación con tus actores, ¿hay liderazgo de tu parte?

-No, para nada. Pero hay una convención que dice que yo veo más que ellos porque yo lo miro desde afuera, y yo también creo que es así. Sobre las cosas que decido, son elecciones que hago. De entre un montón de cosas que puedo hacer, elijo alguna pensando que es la acertada, y vemos si sale.

Por otro lado, creo que soy buena dirigiendo actores. Que no es lo mismo que dirigir una obra, en ese sentido creo que no soy buena. Pero dirigiendo actores sí, porque me interesa algo que es muy verdadero, y que -como te decía- pasa por las emociones. La manera en que los voy guiando no es algo impuesto. Trato de hacer que razonen con mi lógica, y creo que eso es muy saludable para un espectáculo. Y más vale que pregunto, y acepto sugerencias, y cuando algo no sale, trabajo para que salga.

-Pero está claro que quien manda, quien dirige sos vos.

-No, porque no tiene que ver con el mando. Te podría decir que tiene que ver con la retórica, pero tampoco es muy saludable que diga eso. Tiene que ver con que yo puedo hacer entender por qué quiero una cosa y no otra, una escenografía y no otra. Y nunca alguien acota que tal cosa es así porque lo diga yo.

-¿Creés que tus actores crecen trabajando junto a vos?

-Tendría que verlos en alguna cosa en la que yo no esté. Pero por ejemplo, Pablito [Pablo Huespe, actor] estudió dos años seguidos en mi taller. Y yo creo que él ha crecido muchísimo. No sé si es por mí, por la vida, porque él creció, o qué. Pero sí creo que ha crecido mucho, y muchas de las cosas que él usa en la obra Putito, son cosas que ha aprendido conmigo.

El Agus [Agustín Albrieu Llinás, músico. Es compositor de piezas musicales para el teatro] dice que sí, que él ha crecido mucho. Yo creo que contagio cierta fiebre por el trabajo, cierto entusiasmo por un proyecto. Entonces, creo que se ponen la camiseta de esos trabajos que hacen. Por otro lado, me parece que acerco determinada manera de entender el mundo, que prende en los demás. Por ejemplo, pensar una escena dramáticamente, ver dónde puedo brillar como actriz, dónde puedo hacer algo interesante. Es lo primero que yo pienso cuando recibo una propuesta. Y ellos también, yo me doy cuenta de que inmediatamente descubren dónde está el filón de oro. Con Agustín, es decirle “Mirá, acá tocá lo que se te cante. Este tema escribilo como quieras, yo necesito que el otro sea de una determinada forma, pero en éste hacé lo quieras”. O con la Juli [Juliana Manarino Tachella, iluminadora, escenógrafa, directora de arte], era “Bueno, necesito tales elementos. Cómo los hagas, o del color que los pintes, es un tema tuyo y hacé lo que quieras. Sólo necesito esto”.

cami-11-de-24-¿Te considerás una persona con la que la gente quiere trabajar?

-Creo que sí. Me escriben para decirme que quieren trabajar conmigo y eso. Por ahí me da cosa si tengo que decir que no, porque la gente puede sentir que una los desprecia, que una no le da valor a su ofrecimiento. Pero lo cierto es que trabajo con quien tengo ganas de trabajar. Por ejemplo, a la Fabi [Fabiana Bringas, actriz] la veía actuar en los talleres y dije “Ah, me interesa actuar con esta mina”. O con la Tortu [Gisela Casalis, actriz], es una mina con la que yo disfruto trabajar, no puedo pensar en llamar a otra persona en su lugar, o en el lugar de alguno de los otros. Se tienen que dar muchas cosas para que yo quiera trabajar con alguien.

-¿Qué les inspira a los demás actores el hecho de trabajar con vos?

-El mundo sórdido, esa cosa fea, esas temáticas con las que trabajo. Me parece que eso es lo más seductor. Por ejemplo, el Agus contaba que lo primero que vio de la Frida fue una escena mía basada en un cuadro de Frida Kahlo llamado Henri Ford Hospital, donde aparece ella, que ha tenido un aborto involuntario, en una cama llena de sangre. ¡A mí eso me parecía una cosa increíble de hacer! Poder hacer que ese cuadro hablara. Entonces armamos el cuadro en escena, y el Agus me vio ensayando y dijo que le impresionó tanto que parecía que era real, que yo había abortado ahí, por cómo lo actuaba. Y que eso a él le dio la pauta de que quería laburar ahí. Entonces, es como decirte que hay algo de un universo mío, que puede ser el delirio, como con mi personaje en Putx madre, que es como una gallina y a la gente le parece raro y les gusta estar ahí.

Es la temática.

-¿Cómo te llevás con las demás personas del teatro?

-No me llevo mucho, no doy mucha bola. No me interesa estar metida en el establishment teatral, ni estoy al tanto de cómo les va a las demás obras. Sí hay algunos artistas que me interesan, para bien, desde un lugar afectivo, pero sobre todo de oficio. Por ejemplo, lo de Paco me interesa, voy a ver sus obras. Pero hay chicos que son anónimos y no pertenecen a ese establishment del teatrero medio, y hacen cosas que están maravillosas, como el Pablito por ejemplo. Entonces como yo sé que eso me va a interesar, lo busco y lo consumo.

No hay nada que deteste más del ambiente teatral que ese lleve y trae y el chisme y esa cosa de los teatreros, que entrás a un lugar y no sabés si te están mirando con buena o mala onda. Como eso no me interesa, no participo, no estoy ahí. También sé que no tengo que preocuparme por hacer lobby o por caerle bien a algún director. No es que pienso que tendría que ir a charlar con tal o cual, ¡que es lo que hacen conmigo! Como a mí no me hace falta eso, yo me relajo y estoy en mi casa.

-¿Cómo reaccionás ante el lobby de los otros, ante el querer caerte bien?

-Ah, les saco la ficha al toque. Me doy cuenta si quieren ser mis amigos de verdad, o si quieren actuar conmigo. Cuando empecé a hacerme conocida, me fumé cada histeriqueo… que pensaba “¿Por qué me histeriqueás? Si vos lo que querés, es trabajar conmigo. No me querés garchar. ¿Para qué hacés todo ese circo de la histeria si lo que querés es otra cosa?”. Eso sí me pasaba mucho. Después me ha pasado de personas que se acercan, y cuando ven que no va por ahí la cosa, que no vamos a trabajar juntos, dicen “Ay, es una pelotuda”.

camii-11-de-12-Creés que te va mejor que a los otros.

-Me va mejor en el sentido de que puedo vivir del teatro. Y que me conformo además, que estoy bien viviendo como vivo, como actriz. Entonces, para muchos, que deben tener que ir a laburar a una oficina, o que no han podido foguearse y conocerse, es distinto. La actuación tiene mucho, no de fama, pero sí de reconocimiento. Mientras vos hagas obras a las que te vaya a ver muy poco público, que generalmente son tus amigos y los amigos de tus amigos, como actor va a haber un costado que no vas a desarrollar. Bueno, a eso yo ya lo tengo hecho, ya lo tengo ganado. Porque yo entré por la puerta grande, y es muy loco porque yo siempre fui una persona que, por cualquier otro motivo, hubiera entrado por la puerta de atrás. En ese sentido sí, creo que me ha ido mejor. Porque aparte soy reconocida como actriz con muchísimo respeto. Por ahí veo directores de teatro o de cine, o actores famosos que se acercan con pavor a hablar conmigo, que tienen miedo de hablar conmigo. No sé cuánto de respeto es a mí, sólo como actriz, o cuánto por ser una persona que sobrevivió y bla bla bla. Como eso no lo puedo saber, no lo pienso.

Y por otro lado, ¿cuántas actrices pueden vivir así? Que los fans vayan y les lleven cartitas y regalos, ¿cuántas? No, no hay.

-Sobre todo en Córdoba.

-¡Soy como la diva de cabotaje! (Risas) Pero también es porque soy interesante, no sólo soy actriz y buena actriz. Sino que me he hecho querer, he abierto mi vida para que los demás me quieran, conozcan qué me ha pasado en la vida y cómo he sobrevivido a muchas cosas. Así, la gente te quiere, que es diferente a que sólo te respeten.

-Más en una cultura que a nivel masivo le es difícil dialogar con el teatro.

-Sí, pero si miramos a Vicente Luy, por ejemplo. Más allá de ser escritor, era un tipo que además era atractivísimo [sic], era un personaje que generaba curiosidad. Eso me parece que pasa conmigo.

La gente también valora que me haya quedado, que no me haya ido a Buenos Aires.

-¿No pensás en vivir en Buenos Aires?

-¿Y por qué tendría que pensar en vivir en Buenos Aires? Yo voy, trabajo, y me vuelvo a mi casita. No me tengo que estar tomando el subte y fumando todo lo que tiene de malo Buenos Aires. Pasa que desconocemos e idealizamos. Todos mis amigos que se han ido a hacerse la América a Buenos Aires, siguen siendo igual de anónimos que acá.

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-¿No te seduce imaginar que allá puedas trabajar con mejores actores o directores?

-No. Es que no hay ni mejores actores ni mejores directores. Lo que nos falta a nosotros es dinero. Eso sí, allá hay más plata.

-¿Quizás porque tienen un mayor público, por ser una ciudad con más habitantes?

-Sí, pero además porque han encontrado algo maravilloso que es hacer del teatro una industria. Eso es maravilloso. Y monstruoso, también, por supuesto. ¡Muy mostruoso! Pero es maravilloso que haya una industria alrededor del teatro. Y nunca es en desmedro del teatro independiente o del teatro off, al contrario, siempre es a favor. Porque hay algo que se mueve, y así como podés ir a ver a Marilú Marini al teatro La Plaza, puedo ir a ver una obra a un barrio perdido en la loma de la mierda, y va a tener el mismo delirio y vas a asociarlo inmediatamente con esa industria que brilla en la calle Corrientes.

-¿Qué condiciones propiciaron que en Buenos Aires se genere esta industria?

-El unitarismo. La idea de que todo pasa en Buenos Aires. Que es algo que pasa efectivamente porque hemos aceptado que sea así, nada más que por eso. Igual no tiene que ver con el hoy, sino en cómo se concibió la Argentina. Ahora es así y nuestro deber es decir que eso no es verdad. No es así, ni musical, ni actoral, ni teatralmente, ni tampoco en la literatura. No son mejores que nosotros. Tienen más dinero y ese hecho miente, nos miente diciéndonos que son mejores. Pero no lo son. Viste que vos los ves y hasta el más pinche está con eso de “Nos fuimos de gira a Hong Kong” y vos te preguntás quién es este pibe, ¿quién lo conoce? Y es que han aprendido a vivir de una manera que a la gente le genera curiosidad. Entonces cualquier pichi canta en un bar y llena.

-¿El teatro está creciendo en Córdoba?

-Sí. Todo está creciendo.

-¿Cuánto de ese crecimiento del teatro tiene que ver con vos?

-Un uno por ciento. Sí tengo parte en ese crecimiento, pero es muy poco. Yo participé, por esto que te digo, porque muestro que también se puede vivir del teatro, que te pueden hacer notas y salir en los diarios, y la gente acceder a vos, gente que nunca en tu vida hubiera accedido a vos. Y eso para los teatreros no era algo viable, que te entrevisten en canal 12, que te hagan notas, críticas, y todo eso.

Y empezó a pasar que todos comenzaron a trabajar más profesionalmente.

-¿Creés que hoy hay chicos que, pensando en qué van a hacer de sus vidas, te ven a vos y se animan a meterse en el teatro?

-Sí, me pasa que me escriben y me dicen que gracias a mí se han dado cuenta de que lo que quieren es hacer teatro.

-Eso es un aporte grande. En todas las disciplinas, los referentes impulsan a otros a comenzar su camino.

-Bueno, a mí me pasó con Paco. Yo entendí que el teatro me gustaba tanto cuando vi una obra de Paco.

-Pero lo tuviste que encontrar. A vos te encuentran fácil.

-Ah, sí, claro. A mí ya se me

-¿Qué otros factores confluyeron para que crezca el teatro en esta ciudad?

-La comunicación es uno. Internet sin dudas, el Facebook. Todo eso ha sido a favor.

camii-10-de-12-¿Por el hecho de que los medios de comunicación antes estaban centralizados?

-Si, estaban centralizados y la comunicación era mucho más inaccesible. La otra vez, en un medio me comentaban que la nota que me habían hecho había sido la más leída de la semana en su página web. Y me decían que los contenidos online son lo que más les importa a ellos. Entonces, digo, hay algo que es de mucho más fácil acceso, ponés doscientos pesos en una publicidad en Facebook y eso llega a un montón de personas. Con el Agus hicimos eso para Misa Negra y caía gente a Alta Gracia [teatro-bar donde se realizó este espectáculo] que nosotros no teníamos ni idea de quiénes eran y nos preguntábamos de dónde habían salido. Y bueno, ellos se encantaban con la obra y se divertían. Creo que algo de toda esa publicidad online nos jugó a favor.

Otra cosa que hoy juega a favor tiene que ver con los gestores culturales. Por más que los troskos después digan que son unos hijos de puta, que el Pancho Marchiaro usa moño o es un cheto, o no sé qué más, mirá, creo que la tarea de los gestores culturales en estos años ha sido a favor de la cultura. La Feria del libro, fijate que hay gente que dice que es lo mismo que ir a una librería, ¡y bueno, es una feria! Si vas a una feria agroecológica, no te regalan los budines, te los cobran. Creo que todo esto ha sido a favor.

-¿Cuáles son los temas que te interesan?

-Más que temas, me interesan vidas. Me interesa contar mi vida y las vidas de las personas que yo conocí, en relación a mí, en relación a ellas y a su pasado. Me interesan determinadas epopeyas de algunos personajes. Porque supongo que me vibra cierto instinto dramático. Por ejemplo, Gilda creo que puede ser un éxito porque está Natalia Oreiro, pero creo que Gilda no tiene una vida interesante de contar. Que lo que tiene interesante de contar es su muerte. Entonces no me fijaría nunca en un personaje como ella para actuar. Sí me interesa la Difunta Correa, por ejemplo, porque tiene todo un universo, un mundo y una estética, y un tiempo y un misterio alrededor, donde yo puedo meter mano y sacar elementos que a mí me dan leche, y que le dan leche al público al verlos.

-¿Qué hace que una vida sea interesante para vos?

-Una historia de amor siempre es interesante. La Difunta Correa está atravesada por una cosa que tiene que ver con el amor, que es muy jugosa, que es muy linda. Bueno, ahí hay teatro, porque había alguien que se oponía a eso. Ella se tuvo que escapar, se metió al desierto a buscar a su esposo porque la estaban buscando para matarla. Matarla en un acto puramente machista, que era que el tipo que gustaba de ella estaba caliente, y como ella no le daba bola, la quería matar. En cambio, a mí, la vida de Gilda, que era una mina que tuvo toda la suerte del mundo, que no tuvo que pelear contra nada porque todo se le fue dando, no me parece interesante. La de Billie Holiday sí, porque ella anduvo en cabarets, estuvo presa, era drogadicta, los maridos le chupaban la vida. Ahí sí veo una veta dramática que es interesante, y me parece que eso siempre produce misterio. ¿Cómo es el dicho? Algo así como que una vida feliz es una vida feliz para vivirla pero no para contarla. La gente está hambrienta de otra cosa. De la tragedia, del héroe, de eso donde está metida la muerte, que es el misterio más grande, la vida y la muerte, porque son cosas que no podemos explicar. Entonces todo lo que toque ese tema va a ser bien recibido. Después, me parece que Gilda es un fenómeno del marketing. Desde que se murió Gilda, Natalia Oreiro está queriendo ser ella. Viene actuando de Gilda desde hace años. Y no, esas cosas anodinas no me dicen nada, tiene que tener quilombo. Si no tiene quilombo, no me interesa contarlo.

-Creo que a algunos les gustaría ponerle de título a esta entrevista “Si no tiene quilombo, no me interesa”.

-¡Pero así es la vida entera!