El cuarto elemento: Norman Vilalta II

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Lúa Ocaña.

LM: -¿Qué hacés cuando no hacés zapatos?

NV: -Bueno, estoy en pareja con una mujer maravillosa, que es artista. Yo soy muy focalizado y muy limitado, no puedo hacer muchas cosas a la vez. Ahora estoy aprendiendo a descansar.

LM: -¿Qué es descansar?

NV: -Tratar de sacar la cabeza del día a día. Estoy aprendiendo, no lo sé hacer todavía. Y lo tomo con un sentido muy utilitario, porque necesito nutrirme de cosas, y en los últimos años, por el negocio, no he podido hacerlo tanto.
Descansar es una parte del cuerpo que yo nunca tuve en cuenta. Una parte es descanso físico y otra de descanso mental, para poder volver a llenarme. Cuando empecé en esto yo me vacié completamente, al modo del cuento zen sobre la taza de té. Y descansar es eso también, estar vacío. Cuando estaba vacío, no pensaba en nada de lo que iba a hacer más adelante, lo único que hacía era meter conocimientos, no sólo de mis maestros, sino del medio estético y de todo lo que había. Ahora estoy tratando de volver a vaciarme para esta segunda etapa de mi vida.

LM: -Viniendo de Latinoamérica, uno de los lugares con mayor desigualdad del mundo, me resulta difícil no preguntarte acerca del costo y la posibilidad del público de acceder a tus zapatos. ¿Cómo lo ves?

NV: -Yo que sé son muy difíciles de acceder. El costo de comprar estos zapatos es enorme e inaccesible para el 99,9% de la gente. Pero lo que nosotros ponemos, en términos de horas y trabajo, no se lo cobramos al público que entra en este taller. ¿Qué quiero decir? La apreciación de los zapatos, y del proceso mediante el que son creados, son cosas completamente accesibles para el cien por ciento de la gente. De manera frecuente nosotros invitamos a la gente a que vea y participe del proceso, lo cual no siempre es conveniente, porque cuando tú estás trabajando en un proceso, en una parte del zapato, es muy difícil dejarla, ya que va en contra de que quede bien el trabajo. Me acuerdo de una vez, que estaba cociendo y había dos personas homeless aquí en la puerta mirando los zapatos. Eran tíos mayores y estaban flipando con los zapatos. Entonces salí, los invité a entrar y me pasé una hora hablando con ellos. Estaban encantadísimos, les expliqué todo, cómo era el zapato, a pesar de que estaban muy lejos de poder comprar un par. Ellos lo apreciaron y yo valoré mucho eso, porque me contaron que eran yonquis y estaban en una situación difícil de salud, pero habían entendido todo. Habían entendido la belleza. Y para mí eso fue como vender un par de zapatos. Ellos pudieron tener una parte de mi trabajo y eso es accesible para cualquiera. Aquí no hacemos diferencia con las personas que entran a ver o con quienes entran a comprar, cuando alguien entra nadie pregunta si es para comprar o para ver. Obviamente necesitamos pagar sueldos y ganar dinero, pero la dedicación es exactamente la misma, entre quien entre.
Entonces, en ese sentido, cualquiera puede tener acceso a nuestro trabajo, aunque muy pocos pueden comprarlo. Pero eso no me genera contradicciones, porque yo no hago nada que sea tan importante como que alguien lo necesite. No estoy atesorando un recurso que a otros les corresponda. Yo trabajo en algo que, respecto de la necesidad, no es importante, nada importante. Yo estoy cubriendo necesidades de gente que necesita un extra de belleza. Si miramos el panorama del mundo, eso no es importante. Pero es importante para nosotros porque lo hacemos y es nuestra manera de ser. Todos los que están aquí quieren crear belleza y quieren trabajar de esta manera. Pero para el resto de la gente, no tiene porqué ser importante.

LM: -¿Necesitás tener empatía con un cliente a quien le hacés zapato a medida?

NV: -Sí. Mirá, normalmente los talleres están muy estratificados: jefe, el dueño, éste, el otro. Pero a mí lo que me daba mucho resultado, cuando trabajaba en otros talleres, era conocer al cliente. Si podía entablar una charla con el cliente, seguro el zapato me iba a salir mejor. Por eso la relación de los clientes con todos los que trabajamos aquí es algo fundamental. Es importante para el resultado, para la interacción, para lo que nos pueda aportar un cliente. Y porque esa empatía genera belleza.

LM: -Cuando alguien viene a pedirte un bespoke, le hacés una entrevista. Esa entrevista, ¿funciona simplemente como conocimiento del cliente -ya habiéndolo aceptado- o es un filtro?

NV: -No, no es un filtro. Si vienen buscando un zapato, bueno, tenemos muchas líneas para poder cubrir esa necesidad. Si yo tengo que crear algo para esa persona, tengo que entender cómo la va usar, qué es lo que quiere estéticamente. Ese es el a medida nuestro: no solamente las medidas de pie, sino entender qué es lo que busca con ese zapato. Y eso puede ser una línea de un zapato clásico, una línea de la horma, o puede ser un modelo distinto con una línea normal, o puede ser crear algo que no existe.
No es puntualmente una entrevista, sino que es la oportunidad de intercambiar ideas y ver qué es lo que él quiere, lo que necesita, cuál es su estilo, y qué es lo que para él sería el zapato ideal.

LM: -¿Cómo es tu relación con el resto de los zapateros que juegan en tu liga?

NV: -En esta liga pequeña seremos seis o siete en el mundo. En general son tíos majos. Hay dos marcas inglesas: una es muy grande y ni siquiera tienes una cabeza para charlar y discutir, sino que es una compañía que pertenece al grupo Hermès. Después hay otra empresa de una pareja, que tiene pocos años pero han hecho un muy buen trabajo. Tengo una muy buena relación con ellos. Y con otros también. Hay muy buena relación, nos visitamos. Si pasan por Barcelona, yo espero que vengan al taller y hasta podemos intercambiar conocimientos. Luego, cada uno hace su trabajo. Mi competición es conmigo: ¿Cómo pongo los medios para innovar radicalmente? ¿Cómo hago para cambiar mi producto?. A mi no me genera ningún problema que haya otros players, al contrario, me genera desafío.
Nuestro posicionamiento y nuestro trabajo dependen exclusivamente de nosotros. Si nuestros zapatos son de lo mejor del mundo es porque tenemos que estar pendientes de que la cera no se nos pase para un lado ni para el otro, que Eduardo, Alfonso, Krisha o quien sea, ponga el cuerpo de una manera o de otra. Esto depende todo de nosotros, no depende de otros. Entonces no hay una rivalidad, yo no lo vivo así. Después, a la hora de los negocios, es verdad, el pastel es limitado y siempre estás luchando por ese pastel. Tampoco hay estrellas, la alta zapatería es es un mundo muy pequeño, no es el mundo del fashion. Yo no soy ninguna estrella, soy un currante, un trabajador.

LM: -¿Se dan colaboraciones entre ustedes, o cada uno va por su camino?

NV: -No, cada uno va por su propio camino. A veces hacemos cosas juntos, pero de vez en cuando, porque cada uno va por la suya.

LM: -¿Algún diseño juntos?

NV: -No. Me sería muy difícil aceptar el diseño de otro, y me imagino que para otros también. Yo tengo mi estética y los otros tienen la suya. Pero mira, te voy a decir algo sobre uno de los talleres donde aprendí, el de Stefano Bemer [zapatero italiano que murió hace seis o siete años]. Cuando me fui, el tío me dijo: "¿Quieres llevarte mis hormas? ¿Quieres llevarte mis patrones, mis cortes? Yo te los doy, porque tú vas hacer tu zapato y yo hago mi zapato". Para un zapatero sus hormas son algo muy importante, porque son el fruto del conocimiento de muchos años, así como sus cortes. Y él me los quería dar. Stefano era tremendamente sabio y generoso, un tío fuera de serie. Eso te habla de una generosidad de un compañero de oficio, que además fue uno de mis maestros. Puede darse ese nivel de comunión entre artesanos.

LM: -Antes de llegar a él, fuiste aprendiz de Saskia Wittmer. ¿Cómo llegaste a ella?

NV: -Yo fui a Florencia en el 2001, a buscar un taller porque ya había decidido que quería hacerme zapatero. En ese momento, en el taller de Stefano Bemer tenían tres aprendices japoneses y no tenían lugar. Pero me dijo: "Ve a lo de Saskia, puede que ella esté buscando". Y me fui al taller de Saskia Wittmer. Esa fue la oportunidad. Ella me dijo: "Si cierro un trato con Japón, en marzo voy a necesitar gente". Creo que me hizo una Carta Astral, porque es una mujer muy esotérica, y le caí bien o lo que sea. Quedamos en que me avisaba en febrero o marzo. Me avisó en febrero, me tomé unas semanas para pensarlo, lo decidí en marzo y avisé a mis jefes que en abril me iba. Saskia fue la oportunidad de empezar a aprender en la zapatería. Luego mi formación más importante la tuve en el taller de Stefano, en el cual pasé muy corto tiempo, pero aprendí las tres cosas que son la base de la zapatería: primero aprendí que no sabes, y eso es fácil de entender. Lo segundo, que es muy difícil, es que tienes que aprender. Yo corría con la ventaja de que me había dedicado a aprender intuitivamente. Me había vaciado y me dediqué solamente a pensar en cómo aprender, no en cómo iba a ser el logo de mi casa, o el taller, ni en un diseño. De hecho, no diseñé nada durante un año. No lo hice, porque no tenía lugar para meter ese diseño en mi cabeza: mi cabeza y mi corazón estaban solamente para aprender. Yo era una esponja reseca cada minuto que estaba en el taller, trataba de chupar conocimiento. Hoy en día hay mucha información y cualquiera piensa que puede hacer las cosas.

LM: -Me decís que la primera fue darte cuenta que no sabías, la segunda que tenías que aprender y, ¿la tercera?

NV: -La tercera es la técnica: la altura de esta silla, cómo se moja un material, cuán mojado, cuán seco. Técnica. Doscientos procesos, cada uno tiene su herramienta, su postura de cuerpo y su función.
Y después, aquí, entendí una cuarta, que eso sí tiene que ver con nuestro trabajo, que es el amor. No el amor romántico, sino el amor entendido como lo que le corresponde a otro. Entonces, el cuarto punto de nuestro trabajo, es el amor, darle al otro lo que le corresponde. Es como la justicia, darle al otro lo que es bueno.

LM: -Darle a la zapatería lo que es bueno.

NV: -Esa es nuestra función en la zapatería. Y eso se traduce en muchas maneras. Algunos dicen: "Voy a llevar zapateros japoneses. Voy a llevar la técnica y la manualidad al grado como era hace cien años", ese tipo de perfección. Pero aquí es correr riesgos para crear perfecciones. Mi manera técnica de la zapatería clásica es con mis armonías, con mi patronaje asimétrico. Para hacer esto necesito cuarenta o cincuenta herramientas. Esto no es un diseño, yo no diseñé el zapato, simplemente hice el upper, el corte más simple que podía [foto de la dereha]. Elegí tres herramientas y me puse a trabajar nada más que con esas tres herramientas, para limitar la técnica, para ver dónde podía llegar. Entonces, como no tenía herramientas de tacón, le puse el upper por arriba del tacón. Y quedó el diseño mientras iba trabajando. En los talleres de zapatos a medida no hay trabajo sobre la técnica. Es sólo sobre técnica tradicional. Eso es el amor para mí, es aprender, mejorar y cambiar. Ese es el cuarto elemento de nuestro trabajo. Parece muy romántico, pero es metafísico, no romántico.

LM: -¿Cómo lograste que te tomaran de aprendiz algunos de los zapateros más prestigiosos del mundo sin vos tener ninguna credencial?

NV: -Porque puse mi autito en el camino, y entonces las cosas vienen. Estaban ahí para mí. El lugar del taller de Saskia y el lugar en el taller de Stefano eran para mí. Desde que entré al taller de Saskia, durante un año no volví al taller de Stefano. Hasta que un día le dije a Saskia: "Mira, no trabajo más aquí". Y ese mismo día, caminando a la vuelta me encontré a Stephane Jimenez, que era el jefe del taller de Stefano. Hacía un que año no lo veía, y me dijo: "Me enteré que estás en lo de Saskia". Le dije: "Mira, estoy buscando lugar", y él: "Tengo lugar ahora para ti. Vente mañana y empiezas".

LM: -¿Ellos simplemente te conocían de cuando vos habías ido un año antes?

NV: -Sí. No había vuelto a pasar. Llevaba diez meses en Florencia y no volví a pasar por el taller de ellos. No me lo crucé nunca, y me lo crucé justo en el momento en que dejé lo de Saskia. Soy un poco místico, ya te das cuenta, pero mi camino era ese. Entonces, hice lo que tenía que hacer, moví fichas y aparecieron las cosas en el momento que tenían que aparecer.

LM: -¿Qué es "moví fichas"?

NV: -Hice lo que tenía que hacer, hice un movimiento: me arriesgué, dejé el Derecho y me fui a hacer lo que yo soy. No hago zapatos, es algo más. Por supuesto que no me dan lo mismo los zapatos. Pero no soy un tío que adoro los zapatos y el sueño de mi vida era ser zapatero. Lo que soy es un tío que se sube a una piedra porque la belleza le es importante y tiene que crear, tiene que mantenerla. La belleza es la justicia y la bondad. Ese soy yo. Y ahora hago zapatos.

LM: -¿Cuál es el motivo por el cual un zapatero acepta a un aprendiz, con todo el costo que eso tiene?

NV: -En este taller yo no acepto aprendices que quieran aprender a hacer zapatos. Yo acepto aprendices que entiendan el cuarto elemento, porque eso es lo que busco. Los otros tres elementos son del oficio de toda la vida. Desde hace mil años esos tres puntos son importantísimos, no han cambiado. Pero yo no acepto zapateros, yo estoy creando un equipo de gente que comparta lo que yo creo. Lleva mucho tiempo, a mí me llevó cinco años entenderlo, así que no espero que Eduardo [su aprendiz más joven] ni Alfonso [jefe de su taller] lo entiendan en cinco años, pero yo puedo ver si ahí hay pasta o no. Yo estoy buscando cambiar este mundo, entonces necesito cómplices. Por eso estoy dispuesto a invertir. Ahora el equipo se va agrandar, aunque va seguir siendo pequeño. Y ojalá pudieran todos estar de acuerdo en el cuarto elemento, porque este taller es eso.

LM: -¿Cuántos son hoy?

NV: -Somos cinco.

LM: -Alfonso era abogado. ¿De dónde vienen los otros cuatro?

NV: -Alfonso era abogado y viene de Asturias. Antonio, que es una persona que tenemos en el otro taller, con el cual hacemos parte del ready-to-wear, es castellano manchego. Krisha es una zapatera inglesa que trabajó cuarenta años en John Lobb, y aprendemos de ella y ella de nosotros. Eduardo es de Cuba, yo soy de Argentina, Allison es de Estados Unidos y Margarita es de Cataluña.

Lunes 30 de Octubre

LM: -El sábado me dijiste una cosa, algo que de hecho has dicho en otras entrevistas. Me dijiste: "Yo no pienso mucho". Y creo que no es así. ¿Lo decís sin darte cuenta o es parte de la construcción de la figura del artista?

NV: -A ver, lo que a mí no me funciona es el silogismo. Yo tengo cuarenta y seis años, si no me conozco un poco ya, sería muy boludo. Lo que pasa es que he tenido tiempo de analizar, y a pesar de haberme dado cuenta de las cosas, no he llegado a una conclusión racional. Me llevó mucho tiempo sacar conclusiones. Me llevó treinta y un años darme cuenta que una vez me había subido a una roca y que eso era lo que yo soy. Yo no soy un tío que tome decisiones racionales. Ahora, la inteligencia es leer entre las cosas y uno puede leer de muchas maneras.
Lo que te decía es que yo voy por impulsos, no soy un tío que racionalice las cosas. Funciono más con la intuición. No es una fórmula matemática, pero con la intuición podés descubrir ciertas cosas que son verdaderas o falsas. Funciono más por sentimientos.
Yo no trabajo de artista, trabajo de artesano. Y eso significa otra cosa muy distinta. Yo no soy un artista. Esto no es arte, arte es otra cosa. Entonces, más que construir un personaje, todo lo que te conté de mi trabajo y mi manera de pensar tiene que ver con lo que traigo, lo que aprendí cuando estudiaba Abogacía y mi manera de mezclar esos conocimientos. La construcción de mi discurso como zapatero y como artesano tiene que ver con la materia, con lo que yo hice en esos primeros años. Me di cuenta de que no puedo hacer otra cosa, que a mí me sale así. A mis compañeros ingleses les sale de una manera, a los franceses les sale por su background, y a mí me sale cambiar las cosas, desde el inicio. No es que me yo planteé: "Voy a cambiar las cosas". Lo que pasa es que si no cambio, yo no puedo.
Entonces, yo esas cosas no las he pensado, las he encontrado. Es como esta frase de "Yo no busco, yo encuentro". Yo encuentro si miro, pero mi manera de mirar no es puramente racional. En los primeros cinco años aquí no sabía que ese proceso me llevaría a entender quién era yo como zapatero. Pero después de siete años dije: "¡Coño! Estaba entendiendo quién carajo era".

LM: -Otro concepto recurrente es el aprendizaje, desde el momento en que decís que te tenés que vaciar para volver a llenarte. Es una idea que reiterás en tus entrevistas. ¿Creés que la capacidad de aprendizaje en algún momento puede llegar a un nivel superior? ¿Hoy aprendés de la misma manera que antes?

NV: -El aprendizaje es una predisposición, estar siempre vacíos. Después claro, no todos aprendemos igual las mismas cosas. En unas cosas yo tengo poca capacidad de aprendizaje y en otras soy rápido.
Mira, la ventaja nuestra es que nosotros, al necesitar romper, no podemos tener miedo. Yo lo veo con quienes trabajan aquí. Por ejemplo con Alfonso -que va ser un gran zapatero-, unos de mis objetivos es quitarle el miedo al fracaso, para que él pueda hacer cosas. Él tiene otras características y yo aprendo otras cosas de él, pero aquí, en este ambiente, no tengo miedo.
Por supuesto que tampoco todos creamos de la misma forma. Hay personas que las dejas en el desierto y pueden crear cosas, yo no. Yo necesito coger algo y transportarlo a otro lado. No sé, un input de la industria del automóvil me sirve para crear un zapato. Y aunque no tengan una correlación evidente, yo puedo unir esos puntos. Y para eso hay que tener una actitud de aprendizaje siempre, porque si veo un pedazo de papel y puede ser un zapato, ahí estoy vacío. Si estoy vacío, entonces eso puede ser un zapato.

LM: -Voy a suponer que cuando estabas comenzando a aprender el oficio, tu manera de aprender era distinta a cómo es hoy, tu forma de estar vacío era distinta. Tu aprendizaje hoy tiene más que ver con lo creativo que con la técnica. ¿Te preocupa perder la receptividad?

NV: -Eso es común a todas las personas que hacen un trabajo creativo. El miedo y la inquietud de decir: "Coño, voy a sacar otra cosa que sea exitosa como esto". Eso es un motor interesante.
Además, como siempre estás en la búsqueda de un ideal, nunca lo puedes alcanzar. Lo alcanzas en algún momento, pero no te llena. Yo te decía, no soy un artista. Tengo un approach artístico hacia mi trabajo, pero no soy un artista. Como no tengo medida, el día que intente ser una artista intentaré ser algo de verdad, con todo mi ser metido en eso. Mi approach artístico es no estar satisfecho nunca. Eso es una ventaja, porque siempre estoy impulsado a crecer.
¿Miedo? Sí, pero no a probar nuevas cosas. Sé que tengo una tarea por hacer, y esa tarea todavía no ha llegado a su momento.

LM: -Si te hubieras quedado sólo en el zapato a medida hoy estarías en un lugar más seguro, porque la creatividad está determinada por la preferencia del cliente. Pero al darle tanta relevancia al ready-to-wear, tu capacidad creadora queda en el centro, porque sos vos con el zapato. ¿El equipo interviene en la propuesta creativa?

NV: -Por ahora no, pero yo espero que sí. Hace poco leí algo que decía más o menos así: "Si quieres ir no a sé dónde, vas solo; pero si quieres ir lejos, vas acompañado". Sin dudas, necesito un equipo. Y me encantaría incluir en nuestro equipo creativo a gente que no se dedique a trabajar todo el tiempo con nosotros. El arte es de las pocas profesiones en las que por una necesidad vital se trabaja en soledad pero también en comunidad. Es muy común que los artistas compartan lo que están leyendo y lo que están trabajando con otros artistas, porque el feedback es importante. Lo que está trabajando uno le ayuda a pensar al otro. A mí me interesa ese modo de trabajo, y me gustaría compartir con otros oficios, además de los zapateros. Esto tiene vocación de ser más grande, y para eso el trabajo creativo debe contar con más cabezas.

LM: -Habiendo alcanzado un nivel tan alto dentro de tu disciplina, ¿todavía hay algo que te sorprenda, que digas: "Uy, mirá donde estoy"?

NV: -No. Yo tengo un ego tremendo, como ya te habrás dado cuenta. A veces pongo la excusa de que necesito un ego tremendo para crear, y es verdad, necesitas un ego para decir: "Vamos por aquí", más cuando estás nadando en la mierda, cuando estás solo y las cosas no van tan bien. Ahí vos decís: "No, yo creo en esto", y para eso necesitas una fortaleza interesante.
Yo tengo un ego enorme, acrecentado por algunas batallas en las que me fue bien, tras las que empecé a decir: "En esta me fue bien ¿no?". Cierto autor de la historia argentina contaba que los montoneros en la época de Rosas, cuando iban por primera vez a una batalla, si sobrevivían a la primera carga, luego les entraba un sentimiento de inmortalidad muy importante. Claro, eso te da seguridad y sumado a tu ego te da una cosa de pensar que el triunfo fue lógico. Esa es la parte fácil y boluda, la que no es real. Pero mi desafío personal, lo que yo busco en la vida, es cambiar las cosas y eso es algo muy personal. Eso es un desafío que sé que lo vamos a lograr cuando se dé la oportunidad, pero hasta ahora no lo hemos hecho. Mi objetivo final es ese y mi ego se detiene ahí, y dice: "Tío, estás en pelotas respecto lo que querés hacer". Por eso todos los días tratamos de mejorar y de ser mejores. Para lograr ese objetivo.
El día en que la prensa especializada dijo que estaba entre los mejores ocho zapateros del mundo, y veía que en la lista había tíos que llevaban toda una vida, o varias generaciones en los zapatos, ese día pensé: “Coño, llegamos a algo”. Miré para atrás, pensé en mis padres y en la noche que les dije: “Voy a ser zapatero”, recordé los sufrimientos, los buenos momentos y los malos, pero dije: “Basta, un minuto, ya está. Ahora pensá en todo lo que te falta para los próximos diez años".
Todo el reconocimiento que pueda cosechar no me llena, lo que me llena es lo que me falta, porque lo que quiero hacer es ambicioso. Yo sigo queriendo cambiar el mundo de la artesanía, y también quiero cambiar ciertos segmentos del mundo del consumo: nosotros realmente somos una manera distinta de consumir, más humana y más feliz. Está bien, es un segmento altísimo, pero es de verdad esto que te digo. Estamos en contra del hiperconsumo.

LM: -Vos sabés para qué estás haciendo tu trabajo. Ahora bien, en la búsqueda de ese objetivo final, ¿tenés horizontes cuantificables?

NV: -Sí. Mira, yo hice un gran esfuerzo para saltar de abogado a zapatero, y luego un gran esfuerzo físico, mental y anímico para hacer mi zapateria. Después pasaron años y encontré cosas que me hicieron pensar: "Coño, soy la hostia. Soy bueno, muy bueno en lo que hago. Miro alrededor y no hay mucho distinto". Y me pasé esos años en esa estupidez, estando solo en mi taller, haciendo cosas que otros no pueden hacer. La puesta en valor de eso fue cero.
Ahora, desde hace cuatro o cinco años estoy intentando mejorar en lo que no soy bueno, que es poner en valor mi trabajo. Siempre supe dónde quiero llegar, aún cuando no hacía zapatos. El otro día [el sábado] hice venir a Eduardo [su aprendiz más joven], para que él escuche esta entrevista, porque aquí lo más importante es a dónde vamos y qué es lo que queremos hacer. Entonces, si yo y el equipo estamos formando a una persona, lo más importante que debe entender es eso, y poder ponerlo en práctica todos los días, de ahí saldrán las soluciones. Alfonso, después de dos años, está empezando a entender a dónde vamos, pero mediante su trabajo él ya ha cambiado ciertas cosas importantes de este taller.
Por otro lado, volviendo a tu pregunta: aquí todo tiene que ser cuantificable. Ahora tenemos un negocio, que es muy pequeñito y que puede morir mañana, o que puede triunfar. Eso es completamente cuantificable. Yo ya sé que puedo crear zapatos que no existen en este mundo pequeño de la alta zapatería. Ahora, si no me los compran, no logré nada. Si no me lo reconocen, no lo logré. Reconocer significa que alguien de Hong Kong esté dispuesto a venirse aquí a Barcelona solamente para hacerse un par de zapatos, porque la idea de esa bota no la vio jamás en ningún lado.

LM: -¿El hecho de no venir de la zapatería te hace sentir como un outsider dentro del circuito? ¿O ya estás totalmente integrado?

NV: -Yo soy de la zapatería ahora, somos conocidos por lo que tenemos que hacer, que es innovar. Somos conocidos, pero no hay un plan de marketing: es un hacer durante años y darse cuenta de que somos esto y la gente lo reconoce. Ya no soy un outsider, estoy acá hace quince años, completamente adentro de la zapatería. Pero la única tradición que seguimos es innovar, porque pensamos que los grandes artesanos han sido los que cambiaron las cosas. Ése es el deber de la artesanía. Sabemos cómo tiene que ser y tenemos el conocimiento para hacerlo.
Estamos adentro que la tradición de la zapatería, en ese camino que tiene más de mil años. "Yo no vengo de la zapatería" es "Nosotros podemos romper las reglas". Yo no me debo a como se hacían las cosas antes, pero sí me debo a ese conocimiento para hacer las cosas de otra manera. Decir "Yo no vengo de la zapatería" es libertad, y una ventaja para nuestro trabajo. Otros, que sí vienen de la zapatería, hacen zapatos excelentes, increíbles, y lo hacen desde donde vienen. Y eso es tan importante y tan digno como el trabajo de los que venimos desde afuera y queremos romper ciertas reglas.

 

> Parte 3: Las metas

 

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