Las metas: Norman Vilalta III

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Lúa Ocaña.

LM: -Vamos hacia atrás. ¿Cómo era Puerto Madryn cuando vos eras chiquito?

NV: -Puerto Madryn era libertad. Me acuerdo que cuando pasaban las cinco de la tarde tenías que llamar para decir dónde estabas. Era el colegio, eran los amigos, la bicicleta, jugar, hacer deporte. Muy buenas influencias en el sentido de la libertad, de la salud. Era una vida muy sana. Aunque ofrecía muy pocos estímulos de otro tipo. Yo tuve suerte, por mi madre, que siempre nos estimuló a que voláramos. ¡Pero la pista de despegue de Puerto Madryn era corta! Estaba muy lejos de Florencia, por poner un ejemplo. Como argentino, si alguna vez puedes visitar Florencia, lo haces a los dieciocho, veinticinco o treinta años. Imagínate ir a Florencia o a París cuando tienes siete años, ¿no?. Y ver esos puente dorados, un duomo gigantesco, las esculturas de éste o aquél. Y aunque Puerto Madryn en eso se quedaba corto, superaba a los demás lugares en otros aspectos, como lo humano, la salud, la seguridad, la proximidad, la belleza natural.
Sin embargo, a los quince años ya estaba muy aburrido de Puerto Madryn. Imagínate que un sábado a la noche tu madre que tenga que decirte que salgas. Y no era porque yo no tuviese amigos, que tenía un montón. Es que ya sabía lo que había. Y lo que yo necesitaba no estaba ahí.

LM: -Recién me contabas que tu mamá había comenzado a trabajar a los doce. ¿Cómo fue la vida de tu papá?

NV: -Mi viejo nació en una familia muy grande, eran doce hermanos. Es el tío más alegre que yo conozco en el mundo. Hasta la adolescencia o la madurez su vida no fue de sufrimiento, pero sí de carencias. A los seis años comenzó a trabajar en el comedor de una fábrica, donde debía poner los platos. Se crió en la calle, entonces es muy rápido. Trabajaba de esto, de lo otro. Tuvo un hotel, un restorán... Viste como es Argentina. Dos o tres veces en su vida tuvieron que empezar de cero.
A mí padre le fascina la restauración, y tener bares o restoranes. También trabajó en el gran puerto que hay en Puerto Madryn. Ha hecho muchísimas cosas. Ahora bien, siempre ha sido la alegría pese a la dificultad. Increíble.
Y también es una grandísima inteligencia. Es un tío que no accedió a una gran formación cultural, y sin embargo puede llegar a unas conclusiones filosóficas de la hostia. Tengo mucha admiración por mi padre, por su manera de trabajar y la ética en el trabajo.

LM: -¿Le has regalado alguna vez un par de zapatos a tu papá?

NV: -Nunca. A mi hermano sí. Mi viejo quiere que le haga unas botas salteñas. Lo tengo que hacer. Es una falta de respeto, nunca le he regalado un par de zapatos a mi padre. Supongo que por el estilo de los zapatos, mi viejo es más conservador. En general soy muy poco generoso en ese aspecto. Más que poco generoso, soy muy descuidado con los afectos.

LM: -¿Te acordás quiénes eran tus ídolos o tus referentes en la infancia?

NV: -No tenía posters, ni de bandas ni de fútbol. No recuerdo el "me gustaría ser como".

LM: -¿Ni admirar el trabajo de…?

NV: -Es que era como te decía, tenía muy pocos estímulos en ese aspecto. Sí admiraba el arte, y sí me gustaba dibujar, entonces por ahí tenía libros a los que iba y miraba.

LM: -Esto que decís de no tener mucho estímulos tiene que ver con haber vivido en una época sin Internet. ¿De dónde te proveías de estímulos? Porque vos decís que te gustaba el arte, pero hace treinta años, en Puerto Madryn, ¿cómo te enterabas de la existencia de esas cosas?

NV: -Bueno, mi vieja tenía mucha sensibilidad, y ella era la impulsora de ciertas cosas. "¿Por qué no probás hacer cerámica?" o "Mira, te compre este libro.". En un momento me gustaban las ciencias, y en aquel momento los libros eran el medio a través del cual podía obtener conocimiento.
Sin duda que podría haber tenido más estímulos, porque yo tenía una necesidad estética, pero tampoco creo que me haya faltado eso, porque ya lo ves, no estoy frustrado. Tuve otros inputs por parte de mi pueblo (porque en ese momento era un pueblo y no una ciudad grande como ahora).
Mirando hacia atrás, pienso que estoy haciendo lo que yo soy. Podría hacerlo mejor o peor, pero no me condiciona nada del pasado, no hay una deuda ahí. No me faltó nada, no es que no pude ser porque me hayan faltado estímulos. Mi familia y el trabajo de mis padres nos dieron las oportunidades de estudiar, de volar y ver el mundo. Cada uno es como es. Yo no era tan inquieto, como esos tíos que están en el medio de Puerto Madryn y por ahí se convierten en realizador de videos, como es Agustín Alberdi, que gana Mtv Awards. Cada uno nace en donde tiene que nacer y hace lo que tiene que hacer. Yo no necesité nada más que Puerto Madryn para estar aquí hoy. Tampoco yo era muy incisivo en la búsqueda. Estaba aburrido, hacía mis dibujos y me quedaba en mi casa. Por ahí hay tíos que se hubieran ido a Buenos Aires con una mochila para buscar eso que necesitaban. Yo era más tranquilo.

LM: -Hace veinte años el Oxford clásico convivía con un pantalón distinto al que se usa hoy. La ropa hace cuarenta años era una, hace diez era otra y hoy es otra, pero el zapato es más o menos el mismo. ¿Cómo se da la convivencia con los pantalones? ¿Ha habido algún momento de la moda que le ha caído mejor a este tipo de zapatos?

NV: -Bueno, ahora hay un cambio de mentalidad interesante. Hace cien años la gente era más dandy, más arriesgada y avant garde. Lo pasa es que hace cien años la moda masculina era casi una, los hombres vestían de traje y ya.
Como te decía recién, nosotros trabajamos la alta zapatería, que es como la punta de la pirámide. Pero el objetivo no es ese. El trabajo que nos caracteriza, como la línea Wabi Sabi o la no-técnica, tiene una vocación que trasciende al nicho de la zapatería clásica de hombre.
En los últimos diez años ha renacido la artesanía entendida como manualidad, como calidad y personalización. La gente está más ávida de consumir este tipo de productos, y además demanda que sean más sofisticados. Hasta hace quince años lo que había en zapatos era todo muy parecido, la gente elegía por comodidad o marca. Pero hoy hay Oxfords patinados y otros que no se veían antes. Eso tiene que ver con la demanda del público, que tiene más conocimiento. Entonces hoy el zapato puede cambiar la manera de vestir de un hombre. Y esa es una idea que nos gusta mucho y es parte de nuestro modo de hacer el zapato a medida, es decir, diseñar para cada cliente de acuerdo a cómo viste. El zapato tiene una potencia muy grande. Puedes coger la opción de: "Ok, llevo un zapato de acuerdo a cómo llevo mi traje", o puedes decir: "Con este zapato puedo cambiar completamente cómo se ve este traje tan clásico". Con la colección Savile Row meets Rock 'n' Roll, nosotros entramos en esa búsqueda. Si te pones esos Derby verdes en piel graneada con una pátina que ningún otro zapato tiene, con un traje formal, vas a ver cómo cambia completamente el modo en que te ves. Eso es una posibilidad que quizás hace treinta años no existía, y hoy está más cerca de la gente. Esto influye a la hora de diseñar. Hace quince años no pensabas en zapatos verdes, ahora son de lo más común.
El año pasado entró una familia jasídica de Londres. El tío -ultraortodoxo- tocó un zapato y dijo: "¿La gente compra zapatos verdes?". Le respondí: "Hay algo más allá del negro". Están los que se compran zapatos porque no pueden ir descalzos, pero hay gente que se viste a través de los zapatos. Eso es una gran cambio y una gran posibilidad para la creatividad.

LM: -La ropa básica y los pantalones estrechos, que dejan el pie al descubierto desde el tobillo, ¿le otorga un mayor protagonismo al calzado?

NV: -Claro. Aún hoy, si miras a algunos políticos, por ejemplo, vas a ver esos ruedos de pantalones tapando todo el zapato. Pero miras a un tío vistiendo un traje napolitano, y verás que el zapato tiene un protagonismo. Lo que es interesante es que la gente empieza a disfrutar de eso. Y antes te ponías un pantalón porque no podías ir en pelotas, y te ponías un par de zapatos porque era lo que iba con el tipo de pantalón que llevabas.

LM: -La tradición de la vestimenta masculina formal hizo que el hombre tenga un espacio de posibles más acotado que el de las mujeres. Es el traje y ya.

NV: -Eso es culpa nuestra. Las reglas son para inseguros a la hora de vestir. Vos me preguntabas antes si parte de mi mensaje es una construcción. Hay una parte, la más importante y la más grande, que es natural, real, y viene de una manera de ser. Yo puedo decir cosas como que me importan tres carajos que los zapatos estén hechos a mano o no. Eso tiene una parte de verdad y una parte para escandalizar. O, por ejemplo, yo siempre le digo a mis clientes que no miren mis zapatos porque yo no los cuido, a mí no me gustan los zapatos así. Yo llevo zapatos destruidos, y hay una parte grandísima de eso que es genuina y otra parte que uso para hacer un statement: hay que romper las reglas. Mi trabajo necesita esa comunicación. Me interesa decir: "No vengas a buscar lo obvio".

LM: -Todos los blogs especializados en la vestimenta, en algún momento hacen la guía del buen vestir, "las diez reglas para esto", "las diez reglas para lo otro".

NV: -Esas cosas son para los followers. Sin embargo, a las reglas las puedes romper sólo una vez que las dominas. La guía del buen vestir, los nombres de los zapatos o lo que es correcto y lo que no, todo eso me la suda. Pero me la suda hasta cierto punto, y porque ya lo he aprendido, entonces trato de llevarlo a otro nivel. Creo que nuestro Oxford Cap-Toe es de los dos o tres mejores que hay en el mundo, por la armonía, por las curvas y los detalles. Es mega clásico, pero a la vez es asimétrico. Romper es fácil, pero romper con sentido es lo difícil. Nosotros lo hacemos porque creemos con nuestro corazón que es importante. Por eso lo logramos.
Nuestras únicas reglas son las que nos dan esa libertad. Cuando hago un zapato, debo seguir doscientos procesos, y hay una regla para cada uno, que viene de una experiencia de mil años de repetirse. Entonces, son las reglas lo que nos da el sustento para poder cambiarlas. A veces podemos cambiarlas, a veces no. Pero no hacemos cosas peores, tratamos de mejorarlas, y para eso tienes que partir de unas reglas básicas.

LM: -¿Has aplicado elementos de tu anterior profesión a tu oficio actual?

NV: -Venir de otro ámbito me dio un conocimiento, y encontré el link con la zapatería. Yo no solamente aprendí estas reglas, aprendí otras y veo que hay una comunión entre ellas. Mira, cuando estudié Derecho Romano no entendía un carajo y en el primer examen que rendí me bocharon. Pero luego comprendí que los romanos no entendían el derecho de propiedad, por ejemplo, de una casa, como "la casa es mía"; lo entendían como un derecho sobre algo que continuaba a través de la vida de la familia. Es decir, que esa casa era algo perpetuo, y tú simplemente eras el que la cuidabas en ese momento, él que tenía la casa y tenía derecho respecto de esa tierra. Pero más allá de tener el derecho de venderla o modificarla, estabas obligado a ciertas cosas, te debías a esa tierra. Tu derecho sobre la casa no significaba una potestad, al contrario, era el servicio a la casa. Y ahí fue donde encontré después el approach con que encaro mi trabajo como artesano. Lo que yo me debo a la zapatería es hacer ese cambio que todavía no he logrado hacer. Ojalá nos juntemos dentro de veinte años, tomemos una copa, miremos para atrás y digamos: "Lo logramos, logramos hacer algo interesante en la zapatería. Tiramos la piedra más adelante”. Esa es nuestra obligación.

LM: -Cuando te preguntaba recién si el objetivo era “cuantificable”, quizás la palabra era “verificable”. Cuando decís: "tirar la piedra más adelante", ¿ese objetivo tiene una forma o es un ideal que no alcanzás nunca, una toma de posición frente al trabajo?

NV: -No, eso tiene que ser verificable, pero tampoco es absoluto, es algo que cambia. Porque si no lo tienes ahora es porque tienes que buscarlo, crearlo y cambiarlo. Yo no me veo retirado de la creatividad de acá a treinta años. Por ahí no esté en los zapatos, por ahí sí, no lo sé, pero no se acaba nunca.

 

 

LM: -Yendo más hacia la gestión de tu trabajo, intentaste hace un tiempo una sociedad con un abogado.

NV: -Sí, pero ya no. Estuve tratando de generar algo, pero no funcionó.

LM: -¿Cómo manejás el management de la marca: la comunicación, lo contable, lo administrativo, lo legal?

NV: -Yo necesito trabajar con alguien que tenga las capacidades que yo no tengo, que son las de gestión. Soy pésimo gestionando ciertas cosas, entonces necesito a alguien más. Ahora estoy con otra persona, con la que estamos encaminando un acuerdo para poder mejorar esos aspectos.

LM: -Desde que comenzaste hasta hoy, ¿cómo lo has venido trabajando?

NV: -¡Muy mal! Por ejemplo, la comunicación la hemos venido haciendo muy precariamente. Lo que pasa es que daba resultado porque era genuina. Cuando tú dices, comunicas y haces tu trabajo -sobre todo cuando haces-, si es genuino de verdad, se entiende. Entonces es fácil para nosotros que la gente entienda lo que hacemos, cuál es el approach y el objetivo que tenemos.
Y en la gestión lo mismo. Ahora estoy en proceso de aprender eso para poder entender el trabajo que otros tienen que hacer. La posibilidad de que nosotros podamos alcanzar nuestras metas depende de la gestión, porque estamos en el mundo real y no en el mundo de esos cinco años que yo me la pasé pensando que era la hostia y nadie lo sabía. Ahora es de verdad, hay que poner en valor las cosas y ser organizado, llevar una buena contabilidad. Yo puedo hacer muy buenos zapatos, pero si me los pones a mí para que los envíe, me voy a demorar, en cambio, si los coge Allison, lo hace en el mismo día. Entendí cuáles son mis capacidades y de qué tengo que apartarme para dejar a otra gente que ponga su talento en la gestión. Esa gente no necesariamente debe tener una visión sobre cómo tiene que ser esta compañía, eso la tengo yo. Pero su trabajo es imprescindible para que podamos alcanzar nuestra meta.

LM: -¿Tuviste que cambiar algo en tu forma de producir para comenzar a proveer productos a Santa Eulalia o a Leffot?

NV: -Sí, primero tuve que irme a un taller más grande, porque algunos procesos de nuestro ready-to-wear básico están hechos a máquina, por ejemplo las costuras. Entonces, tienes dos opciones frente a eso: te vas a un tercero y le encargas zapatos; o vas y aprendes cómo hacen ellos para poder hacerlo de otra manera. Eso es lo que hice yo: me pasé un año trabajando en una fábrica para aprender cómo hacen ellos, para después poder conseguir lo que yo quería.

LM: -¿Alquilás la fábrica y la manejás vos?

NV: -No, ellos producen nuestros zapatos. Tenemos una persona que controla ahí, y voy yo y trabajo. La fábrica está en Castilla-La Mancha, queda lejos de aquí pero nos permite llegar a un producto que es distinto. Para ir cada vez allí, durante mucho tiempo me tomé un bus que le llaman "el bus de lo étnico",  porque es el que llevaba a los recolectores de oliva, todos africanos. Así que me iba con ellos, salíamos a las nueve de la noche y llegaba a las cuatro de la mañana. Más de una vez he dormido en una plaza, al llegar. Pero era importante contar con esa fábrica.

LM: -¿Cómo te llevás con el dinero?

NV: -Nunca tuve consciencia del dinero, y eso no es bueno, porque el dinero es posibilidad y seguridad. Mi relación con el dinero tiene un punto de inmadurez y de responsabilidad. Ahora estoy tratando de entenderlo un poco mejor. No planteo mis objetivos desde ahí, ni antes ni ahora. Y eso puede ser un error, porque el dinero es un medio importante para poder hacer cosas. Pero yo las hice casi siempre sin dinero, así que no sabría decirte. Además, en ocasiones la creatividad está muy bien relacionada con la escasez.

LM: -¿Es tu caso?

NV: -Sí, es mi caso. ¡La experimenté muchísimo!

LM: -Me hablabas del ego hace un rato. ¿Cómo hacés para que no se te suba?

NV: -Mañana este taller podría estar cerrado y me podría estar muriendo de hambre. Nosotros no hemos logrado nada, así que no hay mucho para estar contento.

LM: -Ya hablamos de tus años de búsqueda de aquello que tenías que ser. ¿Dónde te llevo esa búsqueda?

NV: -Recuerdo que en el último año de la carrera me dediqué a pintar como un animal. Pero aún no encontraba eso que buscaba, así que pensé: "¿Quién ha tenido en la vida una decisión fundamental?", y dije: "Un cura", por apartarse de un mundo grande para abrazar algo. Entonces fui a preguntarle a un párroco, un viejito con el que nunca había hablado. Cuando estás muy convencido o estás dudando, necesitas que alguien te empuje, y yo buscaba un empujón de alguien que hubiera tenido que ser valiente. Entonces le conté sobre todo lo que estaba viviendo al padre: "Mira, vengo de esta familia, estoy buscando esto, estoy pensando en dejar esto. Necesito la visión de alguien que haya hecho un cambio fundamental en su vida", y me dice: "Bueno, yo me ordené de grande, a los cincuenta años, porque vivía con mis padres, y cuando se murieron yo no sabía vivir solo. Entonces, me vine a vivir a la iglesia". ¡Era buenísimo! [risas]. Dije: "La puta que lo parió, cura de mierda. Justo me toco el que no había hecho ninguna decisión". Pero claro, las decisiones están dentro de uno, la búsqueda y las respuestas no estaban en el cura, ni en nadie más. Entonces cuando llegó el momento, lo supe, y apareció todo. Pero aparecieron porque nunca me di por vencido.

LM: -En las ocasiones que vengo visitando tu taller, vi que se te solicita mucho para entrevistas. ¿Cuántas das al año?

NV: -No sé, algunas, tampoco tantas. En el futuro eso podría ser un parámetro de cómo hacemos las cosas. Piénsalo, si yo quiero cambiar algo, tengo que hablar, esta voz tiene que salir en todos lados. Y como tenemos algo que es de verdad, aspiro a hacer mucha comunicación.
Que nosotros tengamos éxito es que nuestro mensaje cuele y para eso hay que replicarlo. Yo cada vez que vendo, desde hace diez años que repito el mismo speech, todos los días y varias veces por día. ¡Los muchachos están hasta los huevos de eso! [risas]. Pero claro, yo pretendo que Alfonso, Eduardo o quien sea, mañana pueda decir: "Mira, acá vamos de esto. Estás comprando un zapato, estás comprando esto", tiene que ser de verdad, porque es genuino, y tiene que salir afuera.

LM: -Estás en la mañana de tu carrera todavía. Si la carrera entera fuera un día, estás llegando al mediodía, pero todavía te falta la siesta, la tarde y la noche. ¿Cómo te ves?

NV: -¡En pelotas y a los gritos!

LM: -¿Pensás en cómo te gustaría ser recordado, en un legado?

NV: -No, porque aún no encontramos qué dejar como legado. Además, más que en el legado, pienso en cómo quiero que conozcan el trabajo de este taller. Lo intentamos hacer todos los días con las herramientas y los medios que tenemos. Dependerá de si somos muy buenos para conseguir las herramientas que nos permitan lograr eso que nos falta.
La actitud es siempre la misma, no va cambiar. Nosotros trabajamos desde la limitación y la escasez de recursos. Ojalá mañana podamos llegar a un acuerdo con una empresa tecnológica que nos provea de los medios para dar el salto. Pero si no, los vamos a tener que buscar nosotros. La actitud es la misma, es el mismo driver desde el principio. Al principio era inconsciente, pero ahora, después de años de ver para atrás, sé que tenemos que trabajar conscientemente.

LM: -¿Qué es lo que más disfrutás de todo esto?

NV: -Pregúntaselo a Alfonso o a Krisha, que lleva cuarenta años de maestra zapatera. Krisha, ¿qué es lo más lindo de hacer zapatos?

Krisha: -¡Qué pregunta! Para mí es una suerte. Siempre estoy buscando mejorar y aprender cosas. Cada noche me pregunto cómo puedo hacer mejor mi trabajo. ¿Cuarenta años en este trabajo? Pues tengo mucha suerte de que aún me ilusione tanto.

NV: -A Eduardo no le vamos a preguntar porque si nosotros estamos en la mañana, él no se despertó todavía, ¡pero se está despertando! Alfonso lo va sacar y en quince años va ser el mejor zapatero cubano. Y Alfonso, ¿para vos?

Alfonso: -Para mí es hacer algo con cariño. Antes yo era abogado, y picar números en el ordenador no me llenaba. En cambio aquí puedes ver lo que haces, ves al cliente y cómo valora tu trabajo. Yo habré lustrado mil zapatos como estos, pero quieres hacerlo bien porque la gente luego valora ese trabajo. Aquí mi esfuerzo es valorado.

NV: -Para mí es crear y cambiar. ¡Tengo que trabajar más en esa respuesta!

 

Ā

 

 

 

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